Llevaba días sospechando.
Su comportamiento la delataba. Esas miradas furtivas y las sonrisas reprimidas
la hacían culpable, de eso estaba seguro. Ella estaba radiante, pletórica, como
hacía años que no la veía, y él cada vez más convencido de su infidelidad. Desde
hacía unos días se la veía más nerviosa de lo habitual. Por momentos parecía
como si quisiera confesarle algo y finalmente desistiera. Esas señales eran
inequívocas, tenía un amante y los desenmascararía.
Hoy había salido tras
ella decidido a pillarlos in fraganti.
Verían de lo que era capaz. De él no se reía nadie.
Cuando, al cabo de una
hora de seguimiento, se halló frente a la puerta por la que ella acababa de
entrar, salió por fin de dudas. Una placa dorada rezaba: Dr. J. Beltrán -
Obstetricia y Ginecología.

Bueno...pues quizá no era lo que él imaginaba. A veces fantaseamos tanto con las cosas, que de lo que pensamos a la realidad hay un buen trecho.
ResponderEliminarHe disfrutado mucho leyéndolo.
Un fuerte abrazo, Josep
Evidentemente, lo que el creía o sospechaba era algo muy distinto y mucho más negativo. Prejuzgó sin pruebas. Si le hubiera preguntado, quizá habría salido de dudas mucho antes, sin necesidad de espiarla.
EliminarUn abrazo.
Aquestes gelosies portan a fer coses així. No sé si a ella li faria massa gràcia de saber-ho.
ResponderEliminarMolt bon relat.
Aferradetes, Josep Mª.
La gelosia normalment ve de la inseguretat. Un home que sospita de la seva dona d'aquesta manera no té perdó. I segurament, si ella sabés què ha succeit, potser el posaria de potetes al carrer.
EliminarAferradetes, Paula.
Si es un individuo tan receloso como me temo, ahora empezara a indagar si el hijo que espera su mujer es suyo.
ResponderEliminarQue hay gente muy tonta, ya te digo.
Un abrazo.
Pues es muy posible. Además de celoso, seguro que es incrédulo. El caso es sospechar de todo. Como le pida a su mujer un test de paternidad del bebé, lo destripa vivo. Y bien merecido lo tendrá, je, je.
EliminarUn abrazo.
Bueno, nada quita que el amante sea ginecólogo, ja, ja. Genial el relato, tan escueto y con tanto contenido Me ha encantado.
ResponderEliminarUn beso.
Caramba, eso sí sería la monda, ja, ja, ja.
EliminarUn beso.
Hola Josep:
ResponderEliminarDesde luego un relato corto pero conciso.
y digo yo ¿y si él le hubiera preguntado a ella cual jera el motivo de sus nervios? se hubiera ahorrado el tener que seguirla, pero a veces, solo a veces, escogemos el camino mas dificil en vez de el mas sencillo, pero al final era una visita al Ginecólogo, que ella no se porque lo esconde, supongo que hasta que no este segura de su diagnostico, no querra contarle, pero también cabé la posibilidad porque no, de que esa visita no sea al profesional médico si no a su amante, quien sabe.... nos dejas con la duda y la curiosidad.
Un abrazo.
Podríamos decir que estamos ante una pareja singular. Se podría decir aquello de que se juntó el hambre y las ganas de comer, en el sentido de que ambos coincidían en algo: un comportamiento atípico ate una situación inesperada. Ella, en lugar de hacerle saber a su marido que podía estar embarazada, prefirió callárselo para darle una sorpresa cuando estuviera segura, y él, en lugar de preguntarle qué le ocurría, prefirió pensar en lo peor y confirmar sus sospechas de la peor forma posible. Vamos, que no le veo un fururo a esos dos, je, je.
EliminarUn abrazo.
Una pregunta a tiempo ahorra estos espionajes que, conociendo a las mujeres, no perdonarían.
ResponderEliminarSaludos.
Ese hombre, en lugar de ir directo al grano, como haría la mayoría de hombres sensatos, prefirió dar un rodeo. Supongo que, por lo menos, no se atreverá a confesarle a su mujer sus sospechas, je, je.
EliminarUn saludo.
Ella tenía un amante ginecólogo :)) interesante...
ResponderEliminar¡Saludo de lunes para ti, Andreja!
Esa podría también ser una posibilidad, ja, ja, ja.
EliminarUn saludo.
PUes vaya con el engaño. Al final sí que le engañaba pero por no decirle que iba a ser papá. Lo mismo hasta preferiría que se la jugara con otro.
ResponderEliminarPues sí, porque no contar la verdad u omitirla es una forma de engaño, y más si el tema incumbe a la pareja. Si supiera sabido que con su mutismo habría provocado la sospecha de su marido, quizá se habría comportado de otra forma.
EliminarUn beso.