lunes, 26 de octubre de 2026

El dron

La sequía de ideas tiene varias motivaciones, pero la más frecuente es, a mi juicio, la apatía, bien por problemas con el entorno, o de salud, ya sea física o mental. Yo he experimentado la falta de ideas en más de una ocasión y que por fortuna ha sido, tarde o temprano, reversible. En esta ocasión, sin embargo, se debe a la pérdida reciente de un ser querido, no un ser humano sino un animal de compañía muy querido por mí y fiel hasta el final de sus días. Pero como la vida sigue (título que le di a mi última publicación relacionada con este triste hecho), me he forzado a continuar con mi actividad bloguera. Aun así, la insistente apatía que me embarga, me ha obligado a echar mano de un viejo relato, de octubre de 2014, que obtuvo un escasísimo interés por parte de mis seguidores de aquel entonces, titulado "El dron", y que aquí os presento una vez actualizado y limpio de polvo y paja. Espero que os guste.



Desde que había vuelto de su viaje a los Estados Unidos, se sentía vigilado. Lo había comentado con sus amigos pero estos le habían sugerido, entre risas, que visitara a un loquero. “Pero, ¿quién va a querer espiarte a ti, zopenco?”, le habían dicho en tono burlón.

Pero él estaba seguro de que, de un modo u otro, le espiaban y todo por haber asistido a aquel congreso de física, en Chicago, que le había pagado la Facultad. Y también estaba seguro que todo se había desencadenado por culpa de su pregunta, la única que dirigió al panel de expertos:

─Si la cosmología de branas (1) ha devuelto una cierta credibilidad a la existencia de un universo oscilante, ¿alguien de ustedes podría decirme cómo conciben la vida en dicho universo, sobre todo en los momentos finales de un universo en contracción? ¿Creen que los seres vivos serían semejantes a nosotros en el sentido de estar basados en el carbono o serían radicalmente distintos?

Lanzó esa pregunta sin saber muy bien por qué. Quizá porque nadie en la sala hizo ningún comentario y sintió el impulso de intervenir. Acababa de leer un artículo que hablaba de ello y no pudo reprimirse. Bueno, en realidad, el autor de ese artículo era quien formulaba, al final del mismo, ese interrogante.

El caso es que la pregunta no obtuvo respuesta alguna. Nadie, entre los panelistas, quiso pronunciarse y el moderador de la mesa se vio obligado a decir algo así como:

─Este tema sigue siendo muy controvertido y nadie parece estar en condiciones de pronunciarse. Sería muy aventurado dar una opinión al respecto.

Tampoco es que le importara mucho el tema en cuestión. Había sido una pregunta hecha por simple curiosidad, para quedar bien, pues todo aquel que dirigía una pregunta a alguno de los ponentes tenía que identificarse públicamente, ya se sabe: nombre, cargo, universidad, y a él le encantaba ser el centro de atención, darse a conocer. Algún día sería un físico famoso, pensaba, y ya era hora de ir abriéndose camino.

Pero ahora presentía que aquella pregunta había levantado sospechas. Pero ¿sospechas de qué y de quién? Si alguien hubiera querido saber su opinión al respecto, lo que le habría puesto en un terrible aprieto, le podía haber preguntado directamente antes de abandonar el congreso o escribirle con posterioridad.

¿Qué le hacía pensar que le espiaban? No sabía muy bien cómo explicarlo, era una sensación extraña, sentía que alguien o algo le estaba observando en todo momento. Le parecía oír un zumbido, de día y de noche, allí donde fuera, en casa, en la facultad, en un restaurante, en fin, en todas partes. “Ve a ver a un otorrino, que eso deben ser acufenos”, le dijeron sus compañeros, ya algo más preocupados por su salud física y mental.

Pero él no tenía ningún problema auditivo ni psicológico y cada vez tenía más claro lo que estaba ocurriendo: quienquiera que le espiara, quería saber qué le motivó hacer aquella pregunta y solo podía ser alguien que tuviera la respuesta y no quisiera que nadie más estuviera en posesión de la verdad y la divulgara. Un espionaje así, tan sofisticado, solo podía proceder de una agencia gubernamental, como la CIA, la NSA o el CSS, o incluso del MI16 británico.

Temeroso de sufrir un atentado, acabó enclaustrándose en su piso del que no salía ni para hacer la compra, dependiendo para ello de la portera de la finca, pues incluso había despedido a la mujer de la limpieza para evitar cualquier intruso que pudiera ser comprado por el enemigo. Todos sus conocidos, viendo la vida de clausura que llevaba, con puertas y ventanas cerradas a cal y canto, acabaron pensando que se había vuelto loco.

Pero era tanto el polvo que envolvía y reposaba sobre mobiliario, cortinas, alfombras y todos los objetos de la casa, especialmente los miles de libros amontonados aquí y allá, haciendo totalmente irrespirable el ambiente, ya habitualmente viciado por el humo de los cigarrillos que no paraba de consumir compulsivamente, que finalmente decidió abrir una ventana que daba a la calle para permitir que el aire fresco bañara por unos instantes el reducido cubículo que era su hogar, sin dejar de otear todo el horizonte a su alrededor en busca de cualquier indicio de espionaje o de un francotirador.

Cuando ya creyó que todo estaba en orden y se disponía a cerrar la ventana, algo, que le pareció un insecto de un tamaño considerable, se estrelló contra su frente, produciéndole una picadura semejante a la del mosquito tigre. Por mucho que intentó darle caza, aquel bicho repugnante se dio a la fuga, marchándose por donde había venido, por la ventana que todavía permanecía entreabierta. Al instante, se sintió mareado, su cuerpo se desplomó sobre la sucia alfombra y en cuestión de segundos perdió todo signo vital. Lo último que vio fue el mismo insecto, o quizá fuera otro igual, revoloteando sobre su cabeza.

Cuando el juez permitió el levantamiento del cadáver, mientras algunos agentes de la policía científica inspeccionaban el apartamento en busca de alguna prueba que pudiera arrojar luz a ese extraño caso de muerte producida a puerta cerrada, desde el exterior, tras los cristales de la ventana, un artilugio del tamaño de un mosquito grababa toda la escena, tras lo cual partió volando hacia un rumbo desconocido.

 

(1)La teoría de branas es una extensión de la teoría de las cuerdas que propone que nuestro universo observable es una estructura tridimensional flotando dentro de un espacio de dimensiones superiores. Así pues, la cosmología de branas explora cómo el universo interactúa con esas dimensiones extra y está relacionada con el origen del universo.


13 comentarios:

  1. Pues al final resulta que el protagonista tenía razón y era verdad que le espiaban para cargárselo y grabar. Muy buen relato. Fuera de la ficción también todos estamos siendo espiados, sobre todo por nuestros propios móviles , ordenadores ...Saben de nosotros más que nosotros mismos. En fin, es mejor no pensarlo.
    He disfrutado con la lectura, que es lo importante.
    Un abrazo, Josep

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    1. Pues es verdad, de un modo u otro estamos siendo controlados: dónde vamos, qué compramos, nuestros gustos, qué leemos, etc. Incluso nuestras ideas políticas. A ver si un día nos vienen a detener, je, je.
      Me alegro que hayas disfrutado de la lectura.
      Un abrazo, Brurata.

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  2. Hola, Josep. Muchas veces tendemos a minimizar situaciones que padecen otros. En este caso, el protagonista estaba en lo cierto y le espiaban. Tarde o temprano iba a suceder ese fatal desenlace porque cuando alguien incomoda a un poderoso, no hay mucho margen de maniobra. Bien narrado y aderezado con su dosis de misterio. Nos quedamos preguntándonos por el origen de ese ataque siniestro. Abrazo fuerte.

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    1. Hola, Ana. En principio resultaba tan extraño lo que aducía el pobre hombre, que ni sus amigos más íntimos creyeron en él. Supongo que después de lo sucedido ya le darán un cierto crédito a sus sospechas.
      El misterio que envuelve esta historia se reparte a partes iguales entre quién quiso verle muerto y el porqué, je, je.
      Un fuerte abrazo.

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  3. Hay que mantener un perfil bajo, que es lo que decía mi madre cuando marchaba para hacer el servicio militar. Fíjate que no me acordaba de este relato tuyo, quizá porque yo ingresé en estos lares mucho más tarde.
    Un abrazo, amigo.

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    1. Yo también opino igual que tu madre; vale más pasar desapercibido ante un personal que no conoces y que tiene un cierto poder.
      En la época en la que publiqué por primera vez este relato todavía no nos conocíamos. Solo tres personas dejaron un comentario, dos de ellas desaparecieron poco después de la blogosfera (o, por lo menos en la de mi ámbito) y la tercera la ha abandonado hace poco.
      Un abrazo, Javier.

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  4. Justament a ell, que no anava gens desencaminat, li va arribar el final en un moment de feblesa, quan ja pensava que l'haurien oblidat i, és que en segons qui, no pots baixar mai la guàrdia.
    Bon relat, Josep Mª.
    Aferradetes!

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    1. Semblava hipocondríac o maniàtic,però, ves per on, tenia raó. Per desgràcia, no va poder controlar del tot la seva seguretat personal i així li va anar.
      Agraït pel teu comentari, Paula.
      Aferradetes!

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  5. Has hecho bien en reeditarlo.
    Un abrazo.

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  6. Yo inauguré mi blog a finales de octubre de 2014, creo que el 26, por lo que sería imposible que lo hubiera leído. Aún tardé muchos meses en seguir a alguien o saber incluso que se podía seguir a alguien. Ese dron con forma de mosquito me ha encantado, aunque su misión era un tanto siniestra. Yo nunca pregunto en ningún coloquio. Nunca hay nada que me deje tanta curiosidad como para preguntar porque normalmente en la conferencia correspondiente se dice mucho más de lo que yo ya pudiera saber y porque mi timidez patológica me lo impide en todo caso. Veo que hago muy bien. Mira lo que le pasó a este pobre por querer dar vida al coloquio.
    Ánimo. Me imagino que poco a poco te irás acostumbrando a la falta del amigo. Acostumbrarse a la falta es a lo único que se puede aspirar porque los dolores de las pérdidas no se curan nunca.
    Un beso.

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    1. Pues mira, en octubre de 2014 teníamos nuestros blogs vivitos y coleando pero no se conocían. No recuerdo cuándo nos conocimos, aunque yo ya sabía que podía inteactuar con los propietarios de otros blogs. Lo que no recuerdo es cómo llegué a descubrir la existencia de otros blogs ni cómo otros me descubrieron a mí.
      Yo también soy muy tímido y nunca me he atrevido a darme a conocer en público haciendo preguntas en un congreso o simposio. Dejo que sean otros los que pregunten, no vaya a meter la pata, je, je.
      Muchas gracias por tu empatía sobre lo que estoy pasando (porque el maldito duelo aigue anclado en mi cerebro). Aunque lo sospechaba, nunca me imaginé que lo pasaría tan mal. Procuro distraerme todo lo que puedo, y pretendo que la escritura sea uno de los métodos, pero me cuesta arrancar.
      Un beso.

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  7. Voy a poner más atención en los mosquitos, no sea que..
    Me alegra mucho que lo hayas vuelto a publicar. Es un magnífico relato.
    Lo otro, no desesperes, poco a poquito irás aligerando ese peso en tu corazón.
    ¡Un gran abrazo!

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