No era supersticioso,
tanto me daba un día, un número o un color. Hasta este viernes.
Para empezar, no me ha
sonado la alarma del móvil; no debí acordarme de cargarlo. Esto, por sí solo, no
sería mala suerte, pero luego he tenido que ducharme con agua fría, pues no ha
habido forma de que saliera ni una maldita gota caliente. A continuación, con
las prisas, me he manchado la camisa con el café y he tenido que cambiármela a
toda prisa. Llegaba tarde a la reunión.
Por si fuera poco, no
sé que le ocurría al ascensor que tardaba una barbaridad para llegar hasta mi
planta, la 13 y he tenido que bajar corriendo por las escaleras, torciéndome un
tobillo al dar un traspié, me he caído y se me ha abierto el maletín
desparramándose toda la documentación por el descansillo.
Cuando, por fin,
cojeando y maldiciendo mi mala fortuna, he llegado al vestíbulo, no he visto el
dichoso letrerito amarillo avisando de que el suelo estaba mojado y he pegado
un resbalón que, por fortuna, no me ha roto el espinazo.
Me he levantado, corriendo,
cojeando y con el culo dolorido, y al ir a cruzar la calle, un taxi me ha
embestido y me ha lanzado por los aires.
Y aquí estoy, con
vendajes y escayolas, en una cama de la habitación 1313 del Saint Thomas
Hospital.
Y es que nunca me
acuerdo de que, en Londres, para cruzar la calle, hay que mirar a la derecha.


Hola, Josep, pues con ese historial lo que tiene que hacer es alegrarse porque está vivo, madre mía sí, el viernes 13 se cebó con él. Está claro que no se puede ir con prisas porque luego pasan estas cosas.
ResponderEliminarMil gracias por participar en el reto del Tintero.
Un abrazo. :)
Hola, Merche. Pues sí, después de tanto tropiezo puede dar gracias de que sigue vivo, aunque un poco maltrecho, je.je.
EliminarGracias a tí por tu propuesta, que no he podido eludir, ja,ja, ja.
Un abrazo.
Un viernes 13 terrorífico sin duda. Un relato muy bien contado que nos saca una sonrisa en el rostro al imaginar tanta desgracia junta gracias a las escenas tan bien presentadas. Y es que sabemos que es ficción, que si fuera realidad, lo que nos sacaría sería una lágrima. Sí, sin duda hay días que resultan negros y que los recordaremos toda la vida. Por lo pronto cuidarnos de los viernes 13. Saludos.
ResponderEliminarYo, como el protagonista, no era supersticioso, pero visto lo ocurrido al pobre desgraciado, ya me lo estoy replanteando, ja, ja, ja.
EliminarEs cierto que hay días que parece que te has levantado con el pie izquierdo y piensas si las casualidades realmente existen.
Un saludo.
Jo com m'aixeco sempre amb la cama esquerra, no em passen aquests coses. ;-)))
ResponderEliminarPobrissó!
Molt ben narrat
Aferradetes, Josep Mª.
Per cert, no s'actualitzen els posts ja fa tres dies. :-(
EliminarMoltes gràcies pel teu comentari.
EliminarNo sé molt bé què està passant amb Blogger; molta gent es queixa del mateix. Fa dies que jo no podia respondre als comentaris que m'arribaven; creia que era culpa del meu blog, però va resultar que era un problema de Blogger i es va acabar subsanant.
Aferradetes.
Hola Josep, pues espero que la mala suerte se acabara ahí. Porque madre mía no veas qué día llevaba ahí solo había llegado al trabajo. Y menos mal que no era supersticioso. Que si llega a serlo. Muy bien contado, enhorabuena un abrazo.
ResponderEliminarHola, Ainhoa. Yo también espero que todo acabara de ese modo. Supongo que a partir de ahora, cuando vuelva a ir a Londres por negocios, mire a la derecha antes de cruzar un paso de peatones, je, je.
EliminarMuchas gracias por tu amable comentario.
Un abrazo.
¡Vaya, qué mala suerte! Eso si que es ser "un cenizo". Por donde pasaba el pobre hombre le iba teniendo un incidente hasta dar con sus huesos en el hospital. Está claro que el viernes 13 no era su día. Je, je.
ResponderEliminarHa sido un relato muy entretenido
Un abrazo , Josep
Desde entonces se ha convertido en un supersticioso en mayúsculas y ya no se atreve a salir a la calle los viernes 13, ja, ja, ja.
EliminarUn abrazo.
¡Hola, Josep! Bueno, bueno.... no sé si elegí buen día para reaparecer en la blogosfera, ja, ja, ja... Qué narices, es un micro fantástico. El tipo es terco ante la superstición, que siendo algo inherente a nuestra sociedad será por algo. Y es que a perro flaco todo son pulgas, y cuando es imposible, es imposible. Al menos, pudo contarnos ese día. Por cierto, más que las supersticiones, lo que siempre me pregunto es por qué los ingleses conducen por la derecha. Pienso que es solo por llevar la contraria, que para eso son ingleses, pero bueno.
ResponderEliminarY nada, me alegra muchísimo comprobar que tantos compañeros seguís ahí, dando contenido tan bueno a la mejor red social, como son los blogs. Un fortísimo abrazo y... bueno, un verdadero placer visitar tus letras de nuevo.
Holaaaa, David! Me alegra mucho encontrarte por aquí de nuevo, después de un largo descanso. Nos tenías preocupados, je, je.
EliminarEn España, el día que más temen los supersticiosos es el martes y 13, pero para los anglosajones (y mi protagonista está en Londres) es el viernes 13, que le castigó por ser un incrédulo, pagándolo muy caro. Seguro que después de lo ocurrido habrá cambiado de parecer, je, je.
Los ingleses son raritos y no solo porque conducen por la izquierda, algo que han dejado en herencia en todas sus ex colonias y protectorados, sino que también utilizan otras medidas de longitud, como la pulgada, la yarda, la milla, el pie, etc, y de volumen, como el galón.
Y sí, por lo menos yo me he mantenido fiel a mis blogs, aunque con algún que otro antibajo.
Un fuerte abrazo.
Hola Josep! Pues el viernes suele ser un dia feliz, pero parece ser que si se junta con un 13 es mala combinacion! Pero es que si además esta uno rodeado de treces por todas partes, no se si acaba de ser una buena cosa! Je je! Un abrazote!
ResponderEliminarHola, Marifelita. A nivel laboral, el viernes es un buen día, todo lo contrario que el lunes, pero si, efectivamente, lo acompaña el número 13, la cosa se tuerce, je, je.
EliminarUn abrazo.
¡Ay, pobre hombre...! Un micro con mucha chispa que saca una sonrisa. Estupendo, Josep.
ResponderEliminarHola, Marta. Seguramente, después de eso, no será un hombre que tropiece dos veces con la misma piedra, je, je.
EliminarGracias por tu comentario.
Un abrazo.
¡Hola, Josep! un micro muy jocoso para los lectores y muy fatídico para el protagonista, que al menos no murió con los tantos tropiezos. A mi el trece no me da repelús, es un numero o un día como cualquier otro, pero en este país la superstición es tanta, que muchas clínicas y hoteles eliminan el piso 13 para evitar traumas o que nadie se quiera instalar ahí, ja, ja. Es bueno volver a leerte, un abrazo.
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