martes, 3 de marzo de 2026

Elena mon amour

 


Todo empezó cuando apareció Elena.

Desde la barra del bar, me observaba provocativamente. Yo, todo un conquistador, me sentí azorado. Nunca había contemplado una belleza tan singular.   

Fue ella quien tomó la iniciativa.

—Hola, me llamo Elena, ¿y tú?

—Yo Gustavo —contesté sin poder evadir el poder de su mirada.  

El flechazo fue mutuo. Al cabo de unas semanas ya vivíamos juntos.

Al principio todo iba de maravilla. Hasta que un día le comenté mi interés por lo paranormal. Como respuesta, Elena fue más allá, afirmando que creía en la existencia del mal, en sus distintas facetas.

Desde ese instante, mostró un gran interés por mis creencias, queriendo saber lo que yo opinaba sobre las posesiones diabólicas. A diferencia de mí, no sentía temor alguno, llegando a proponerme asistir a un exorcismo. Por supuesto me negué, cosa que pareció contrariarla.

A partir de entonces, toda mi atracción por ella se trastocó en recelo al ver cómo me escrutaba mientras hablaba de las posesiones infernales, de lo que puede llegar a hacer el diablo en el cuerpo del poseso. Su carácter mudó. Cuando hacíamos el amor parecía que estaba poseída y, después se tumbaba y me miraba con un rictus casi demoníaco.

Soñaba que ella adoptaba figuras extrañas, arrastrándome hacia una gran hoguera. Hoy, al despertarme, no estaba a mi lado.

De pronto, me he sentido extraño. Al ir al baño, me he observado en el espejo y me ha horrorizado mi semblante. Tengo los rasgos y la voz de Elena.