viernes, 5 de mayo de 2017

La autobiografía


Ildefonso era un hombre de aspecto imponente y huraño. A pesar de su introversión ─esa era la única lacra tras esa engañosa apariencia─ era un tipo amable, siempre dispuesto a echar una mano. Era el típico empleado solícito de quien se aprovechan superiores e iguales. Vivía totalmente entregado a su trabajo, un trabajo ingrato pero que le ayudaba a evadirse de la realidad. Su vida había estado repleta de fracasos amorosos y de penurias de toda índole. Perdió a sus padres siendo muy joven y tuvo que abrirse camino con mucho esfuerzo y no pocas dificultades. Ello, en lugar de dotarle de una elevada autoestima, le convirtió en una persona taciturna y solitaria, arrastrando consigo una existencia gris. En su vida no había colores, todo era en blanco y negro, monótono y aburrido.

A Ildefonso le llevó más de cincuenta años darse cuenta de lo inútil de su existencia. ¿De qué le había servido ser tan trabajador y disciplinado? Cuando le prejubilaron, poco antes de cumplir los sesenta, pensó que le quedaban por delante otros veinte años, por lo menos, siendo un don nadie, un ser anodino, un cero a la izquierda. Entonces se vino abajo pues ya ni siquiera tenía una ocupación a la que dedicar la mitad de su tiempo, de su día a día.

Pero, contra todo pronóstico, logró vencer el desánimo. Estuvo madurando una idea, la que había ocupado su mente durante tantos años y que había desechado repetidamente por ridícula, pues no se sentía capacitado para ello. Hasta que decidió hacer realidad su sueño: ser escritor. Y, de la noche a la mañana, se puso manos a la obra. Pero por mucho que se esforzaba, no hallaba una idea suficientemente original como para plasmarla en una novela. Como había supuesto, tampoco tenía tablas para lanzarse a escribir algo que mereciera la pena ser leído. Por no hablar de lo complicado que resultaría dar con una editorial interesada en publicárselo. No, escribir una novela era poner el listón demasiado alto, recapacitó. En su lugar, escribiría una autobiografía. Material tenía de sobras y no hacía falta ser un Cervantes para escribir sobre sí mismo. Pero ¿quién podría estar interesado en su vida? No era famoso, ni siquiera conocido. No era un tertuliano de un programa de televisión de gran audiencia, no era un periodista reconocido, no estaba relacionado con el mundo editorial, no era un locutor de radio que hubiera ganado un Premio Ondas, no era cantante, ni concursante de un Gran Hermano, ni amigo o conocido de un famosillo de turno. En fin, no era nadie cuya vida pudiera atraer la curiosidad de posibles lectores. A menos que hiciera algo que le catapultara a la fama o que le hiciera pasar a la historia, por el motivo que fuese.

Lo estuvo meditando largo y tendido y a su edad solo le quedaba una salida, una forma de alcanzar notoriedad. De algo le tenían que servir tantas series televisivas como había visto desde que no tenía nada mejor que hacer. Quien lea esto pensará que se volvió loco. Y quizá tenga razón. Pero esa fue su decisión. Pensó que su plan no podía fallar. Sería el único modo de que todo el mundo quisiera saber de él y se interesara por su biografía. Decidió convertirse en un asesino en serie.

¿Qué vida tuvo de pequeño? ¿Qué le llevó a ser un despiadado homicida? ¿Fue acaso un niño desgraciado e incomprendido? ¿Tuvo unos padres maltratadores, drogadictos o alcohólicos? ¿Odiaba a las mujeres maduras, sus víctimas, porque le recordaban a su odiosa madre, o a las mujeres en general porque todas le habían despreciado? ¿Era un resentido con sed de venganza contra la sociedad? Muchos serían los interrogantes que llevarían a comprar su libro a un abundante público dotado de una curiosidad morbosa. Ello le convertiría en el centro de atención de la gente que hasta entonces le había ignorado.

Pero para ello, tenía que ser descubierto y aprehendido. Si al principio cuidaba mucho los detalles, estudiaba con detenimiento a sus víctimas, después de tres asesinatos impunes, empezó a ser deliberadamente descuidado, dejando una pista aquí y otra allá. Forzosamente tenían que identificarle. Tras la quinta víctima, le pillaron. Por fin. No tuvieron que esforzarse mucho para que confesara. Lo contó todo, menos el verdadero motivo que le había movido a llevar a cabo esos asesinatos. Prefirió que le calificaran de psicópata. El caso es que había logrado su primer objetivo en menos de un año: ser famoso. Todos los medios hablaron de él. Fue el tema de conversación durante meses. Le enviaron a una cárcel de alta seguridad, donde cumpliría una larga condena. Ya contaba con ello. Pero con el atenuante de colaboración con la justicia, el trabajo redentor, el arrepentimiento y la buena conducta, en menos de diez años disfrutaría del tercer grado, tiempo más que suficiente para cumplir con su objetivo último y definitivo: publicar su biografía. 

Cuando diera a conocer su obra autobiográfica, las editoriales se la disputarían. Acabaría gozando de popularidad y, con toda probabilidad, de la empatía del público. Sazonaría su vida de niño y de adolescente con los ingredientes necesarios para despertar la pena, la comprensión y hasta la simpatía de los lectores. Se arrepentiría, pediría perdón al mundo, se sometería a tratamiento psicológico, se rehabilitaría. Cuando saliera a la calle, aun con setenta años, todavía le quedarían unos cuantos por delante para disfrutar de la merecida gloria y del dinero. Fama y riqueza. Ya no sería el don nadie de antaño.

Pero la vida tiene, a veces, formas caprichosas de hacer justicia. Ildefonso no podía adivinar que en el mismo centro penitenciario se hallaba recluido un hermano de una de sus víctimas. Su fama le había precedido, de modo que cuando ocupó la que iba a ser su nueva residencia por mucho tiempo, había quien le estaba esperando con los brazos abiertos.

Una mañana le encontraron ahorcado en su celda. Había utilizado una pequeña cuerda que debió obtener en la lavandería donde prestaba sus servicios. Nadie vio ni oyó nada sospechoso. Quizá el tratamiento estuviera haciendo efecto y el discernimiento de su condición de abominable asesino y la culpabilidad por lo que había hecho le llevó al suicidio. Caso cerrado.

En su taquilla hallaron una especie de diario. Solo había llegado a escribir unas veinte páginas. Como no tenían a quién entregarle sus pertenencias, lo arrojaron al contenedor de papel para reciclar. 

Sin saberlo ni vivirlo, Ildefonso logró, en parte, su propósito. Su vida fue llevada a la gran pantalla. Toda la historia fue fruto de la invención de su guionista. En ella se mostraba a un ser despreciable convertido en un Norman Bates. Lo único real del personaje fue lo que era bien conocido por los que habían sido sus compañeros: que, a pesar de su apariencia, era un buen tipo, aunque introvertido, acomplejado, solitario y amargado. En definitiva, el perfil típico de un psicópata asesino. 

La película fue todo un éxito de taquilla. Ildefonso consiguió la fama, aunque esta fuera a título póstumo. Pero dinero, ninguno. Y es que no puede tenerse todo en esta vida. El cuento de la lechera se lo llevó por delante.




36 comentarios:

  1. Anda que la imaginación de Ildefonso se le fue de las manos, y es que la maldad más pronto que tarde sale a la luz y más siendo un novato en tales circunstancias.
    Muy buena la historia Josep, que podía ser tan real como la vida misma, pues individuos de psiquiatra parece ser que hay bastantes, solo hay que ver las noticias...
    Me encanta la imagen de la lechera, jajaja.
    Un abrazo.

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    1. Ildefonso no estaba, ciertamente, en sus cabales. Algo de la amargura que llevaba arrastrando durante su agria vida le llevó a maquinar esa brutal actividad asesina. Aquí podríamos preguntarnos aquello de si el fin justifica los medios.
      El tortazo de la pobre lechera aun se queda corto con respecto al que recibió, merecidamente, nuestro protagonista.
      Agradecido, como siempre, por tu presencia y comentarios.
      Un abrazo.

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  2. Qué buen relato. Hay mucha gente con una existencia gris que estaría dispuesta a cualquier cosa por un minuto de gloria, Ildefonso porque lo necesitaba para escribir su libro y otros solo por la fama.
    Me ha encantado.
    Un abrazo y feliz finde.

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    1. La actitud de Ildefonso sería comparable al que vende su alma al diablo, dispuesto a cualquier cosa a cambio de la fortuna. Pero si hubiera hecho un pacto con satanás, por lo menos le hubiera salido bien la estratagema, porque el maligno siempre cumple con sus promesas y no yerra, en cambio el destino...
      Un abrazo,Gemma.

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  3. Ironías de la vida, que siempre juega con las cartas marcadas...

    Menudo batacazo el de Ildefonso, pero aún no tengo claro si tenerle pena o alegrarme por cómo le salieron al final las cosas. No me parece mal que quisiera un poco de reconocimiento y dinero después de la vida que había llevado, eso es legítimo, pero asesinar para lograrlo me parece terrible.

    Ahora me dejas pensando, Josep, sobre lo que siento ante tu historia. ¡Qué mala manera de empezar el finde! jajajaaja. Buenísima, como siempre, has sembrado en mí sentimientos encontrados y eso significa que tu texto trasciende su propia extensión. ¡Enhorabuena!

    Un abrazo y feliz fin de semana.

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    1. Mientras escribía su historia fui cambiando de parecer. Si al principio me compadecía por él y su triste existencia, luego viré hacia el desprecio. Efectivamente, fue algo desmedido lo que hizo, por muy amargado que estuviera. Solo los desequilibrados son capaces de hacer algo así en busca de la fama. Si hubiera logrado su objetivo, el dinero que acumulara estaría manchado de sangre.
      Así pues, creo que al final de hizo justicia y cobró con la misma moneda.
      Un abrazo.

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  4. Siempre hay algo que lo fastidia todo. Claro que en el caso de Ildefonso, el asunto no tiene solución.
    al empezar a leerlo no me imaginaba ese desenlace. He disfrutado con la lectura.
    Saludos

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    1. Ildefonso no calibró bien las consecuencias de sus deplorables actos. Si todo aquel que busca fama y fortuna, tuviera que recurrir a ese medio, habrían muchos más asesinos en serie.
      Esperemos que todo escritor en ciernes, no quiera seguir sus pasos, sobre todo conociendo el final, jeje
      Un abrazo.

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  5. Muy buen relato, Josep. Buscar notoriedad a toda costa puede pasar factura, aunque no llegue al extremo del protagonista. Lo que está claro es que la forma más rápida de que se hable de alguien o algo suele ser crear polémica. Podría haber pensado en la autopublicación, ¿no?
    Abrazo!!!

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    1. Desde luego hay quien no necesita recurrir a esta solución fatal para ser famoso. Hay mucho famoso por ahí sin apenas merecerlo. Eso movió a la mente desequilibrada de Ildefonso a mover ficha en ese sentido sin retorno.
      Creo que si algo tenía claro Ildefonso es que con la autopublicación o se haría rico, por muy famoso que se hubiera hecho. Sin una editorial de peso detrás, con toda su maquinaria publicitaria, poco ejemplares hubiera vendido. Y si no, que me lo digan a mí. Aunque, claro, yo no soy famoso ni pienso serlo siguiendo sus pasos, jajaja.
      Un abrazo.

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  6. Dicen que el hombre propone, y Dios dispone. Tu protagonista lo tenía todo planeado, pero como todo buen plan puede haber fallos, en este caso uno bastante importante: que lo maten y que no pueda asistir a su fama.
    Genial relato y con un final irónico. Me has hecho recordar eso de "ten cuidado con lo que deseas porque a lo peor se convierte en realidad".
    Un abrazo, Josep

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    1. Le salió el tiro por la culata. Siempre hay cabos sueltos y, por muy meticuloso que fuera el infeliz, no pudo anticipar que en la cárcel, su reducto de paz y tranquilidad para escribir su opera prima, encontraría al justiciero que acabaría con sus planes.
      En cierto modo, Ildefonso acabó probando su misma medicina.
      Un abrazo.

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  7. Un muy buen relato enhorabuena.
    La verdad produce tristeza ver a través de tú personaje como por conseguir fama y notoriedad hay que convertirse en todo un asesino en serie para conseguir un fin: La fama y el dinero para escribir, uf, pone los pelos de punta pensarlo. Y desde luego yo utilizaría otro refrán: "Quien mal empieza, mal acaba"
    un abrazo Josep, y enhorabuena por hacer siempre que tus relatos me tengan atrapada hasta el final. TERE.

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    1. Bueno, en cierto modo comprendo su motivación aunque no comparto los medios. Yo también siento irritación cuando veo que fulano, mengano y zutano (y también en el género femenino) han conseguido publicar un libro solo por ser quienes son, independientemente de su valor como escritor/a. Constantemente veo, y leo, a autores con cierta fama que, a mi entender, son uno/as escritor/as mediocres. Pero, claro, todavía estoy lo suficientemente cuerdo como para no seguir el camino de Ildefonso para lograr ser un escritor famoso. Pero tiempo al tiempo, jajaja
      Un abrazo.

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  8. Me has dejado atónita que tu protagonista, para que lo lean se convierta en asesino para y así se hace famoso. El final me ha encantado con el cuento de la lechera. Muy buen relato con ya me tiene acostumbrada Josep. Un abrazo

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    1. Bueno, esa era mi intención, Mª del Carmen. Si no atónitos, sí quería sorprenderos un poco. De qué es capaz una persona (no muy equilibrada, claro está) para lograr aquello que se le antoja imposible. En otro orden de cosas y en otros ambientes, hay gente que deja de lado la ética para conseguir sus propósitos. Esa sería la moraleja, junto con el cuento de la lechera, claro.
      Un abrazo.

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  9. Me ha gustado mucho el relato, Josep Mª! Me pasa como a Julia, no sé si Ildefonso me da pena o no, jajaja. Su vida ha sido triste y gris, pero eso no significa que de repente pueda asesinar de forma impune. Podría haber hecho otras cosas para ganar notoriedad, intentar ganar un récord Guiness, por ejemplo. Seguro que de ese modo la justicia Kármica –que puede ser muy enrevesada y salir por donde menos se espera– lo hubiera recompensado, quizá. Un abrazo! ; )

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    1. Hola Ramón. Por fin un representante del sexo masculino se pronuncia sobre este relato. Ya sé que gozo de mayor predicamento entre el sexo femenino, pero un hombre de vez en cuando es bien recibido, jajaja.
      Desde luego, la decisión de Ildefonso es desproporcionada para lo que pretende. Solo una mente perturbada puede llegar a pergeñar un plan como ese. No sé cuántos escritores noveles sin éxito estarían dispuestos a seguir su ejemplo. Espero que ninguno, por el bien de todos.
      Puestos a pensar en batir un récord, mejor no dar demasiadas ideas, no sea que algún demente se le ocurra algo incluso o peor que lo que hizo nuestro asesino en serie.
      Muchas gracias, Ramón, por dejar tu amable comentario.
      Un abrazo Kármico.

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  10. Los planes se le torcieron en el momento en que empezó a desear fama y dinero. Esas dos cosas pasan factura al cabo del tiempo.Los consumidores de morbo se cansan pronto y quieren producto nuevo y escándalo novedoso cada cierto tiempo. Y tampoco eligió la mejor forma de darse notoriedad. Tenía que haberse convertido en un friki televisivo de programa basura. Es menos arriesgado, y encima no vas a la cárcel por ser un perfecto imbécil. Ja,ja.
    Abrazo.

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    1. Ildefonso quería la fama rápida y el dinero fácil. Como se dice en los ambientes gansteriles, apostó por el caballo perdedor pues emprendió un camino que no podía llevar a nada bueno. Creyó ser muy listo pero el destino le jugó una mala pasada, aunque fue una forma de hacer justicia por las víctimas inocentes que se cobró esa fama efímera.
      Un abrazo.

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  11. Casi mejor que hubiera seguido con su anodina vida, pues casi todo (recalco casi) se paga en esta vida. No podía acabar bien lo que andaba mal, así que el pobre hombre tuvo su merecido a manos de un recluso vengativo a quien le sirvieron la venganza en bandeja de plata. Que luego la película fuera un éxito denota el morbo que provocan algunas vidas.
    Nos has contado una historia que de gris no tiene nada, Josep Mª.
    Un beso

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    1. Si, Chelo, podría haber dicho aquello de "virgencita, viigencita, que me quede como estoy", pues el futuro fue mucho peor que el pasado. El futuro que le estaba esperando tenía un nombre propio y el mismo apellido que una de sus víctimas.
      Hay que reconocer que el morbo tiene su atractivo entre el "populacho" y vende más lo escabroso que una vida ejemplar, si es que hay vidas ejemplares, jeje
      Muchas gracias, Chelo, por dejar tu comentario.

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  12. Verdaderamente un tipo despreciable. Con cero talento, más que buscar inflarse el ego a toda costa y por cualquier medio, aunque sea convirtiéndose en asesino famoso. Un psicópata en toda su regla.

    Aunque no estaba del todo alejado de la expectativa que se planteó, ya que las vidas criminales despiertan el morbo de lectores y espectadores. ¿Despreciables nosotros, también? jaja

    Saludos y saludes!

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    1. Una forma despreciable de compensar o de vengar su gris existencia. Sin llegar a tales extremos, me temo que muchos estarían dispuestos a dañar al prójimo a cambio de fama y dinero.
      Yo creo, Julio David, que cualquiera de nosotros merecemos desprecio cuando somos meros espectadores de las desgracias ajenas sin hacer nada para evitarlo. El morbo atrae y vende.
      Abrazos.

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  13. Estaba viendo venir que no le saldrían las cosas tan bien como planeaba xD En fin, creo que más de uno se ha planteado alguna vez una idea similar, ¿no? Supongamos esa misma idea pero en uno de 18. Libre con 38, y rico. Yo a esa edad voy a pertenecer a un puto banco, y lo que me quede :(

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    1. Veo, Holden que aplicas la máxima que dice que en todo lo malo también hay un lado positivo. Y si no es eso lo que dice, pues como dicen los italianos: si non e vero e ben trovato.
      El mismo Ildefonso tiene un lado triste, penoso, digno de lástima (es un buen tipo, trabajador y leal, dispuesto a ayudar), y su lado perverso, egoísta, vanidoso, que no repara en matar a cambio de convertirse en alguien rico y famoso. ¿Cuánto de cada uno de estos lados llevamos todos nosotros dentro?
      Bueno, mejor no poner el dedo en la llaga, jeje
      Un abrazo.

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  14. Espectacular, Josep María. Pese a estar narrado con cierta ironía, la historia refleja muy bien en qué clase de sociedad vivimos, en lo barata que se vende la gloria. Ese personaje necesitaba su momento, y para ello no dudó en asesinar, para ser un producto atractivo para editoriales y público. Lo terrible es que esta historia podría darse perfectamente en el mundo real.
    Me parece un argumento tan bueno, un personaje con tantas posibilidades que te sugiero que te plantees la posibilidad de convertir este relato en una novela. Piénsalo. Un abrazo!!!

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    1. Ciertamente, David, esta historia encierra una crítica social enmarcada en el ámbito de la "notoriedad literaria", aunque llevada al extremo. No sé si alguien estaría dispuesto a seguir los pasos de Ildefonso, a menos que su frustración ante el hecho de ser un don nadie se volviese enfermiza y le hiciera perder el sentido común.
      Te quedo muy agradecido por tu elogiosa crítica. Prometo pensar en tu sugerencia, aunque, como para el protagonista del relato, para mí una novela son palabras mayores, es ponerme el listón muy alto. Lo he intentado en un par de ocasiones y el proyecto quedó aparcado indefinidamente. Quizá la pereza tenga algo que ver en ello. Y también flota en el aire esa terrible pregunta: ¿y luego qué?
      Un abrazo!!

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  15. Será porque me gustan las novelas de misterio, intriga, asesinatos, etc, pero cuando Ildefonso comienza a pensar en que quiere ser famoso a toda costa, se me ha venido a la mente lo de convertirse en asesino sin haber llegado al párrafo. Me ha gustado el tu relato Josep.

    Un abrazo.

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    1. Las novelas de intriga agudizan el intelecto y te convierten en un lector muy perspicaz, jeje. De hecho, su "solución", por drástica, era la que podía ofrecer la fama de forma mucho más inmediata.
      Me alegro que las andanzas de ese ser gris ávido de grandeza, te haya gustado. Sin llegar a estos extremos, creo que estamos rodeados de personajes parecidos.
      Un abrazo.

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  16. Muy buen relato, Josep. Coincido con David en que muestras lo barato que se vende la sociedad actual. Y la soledad que envuelve a este hombre que no teniendo con quien compartir sus penurias tuvo la loca idea de justificar su existencia por lo negativo.
    Un abrazo.

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    1. Hola Mirna. El resentimiento y la frustración largo tiempo reprimidos pueden eclosionar en cualquier momento y hacer aflorar lo peor de cada uno. En una persona equilibrada puede sobrellevarse o compensarse con un cierto afán de superación, pero en un ser con un desequilibrio emocional, las consecuencias pueden ser nefastas. Querer llamar la atención y erigirse en un personaje célebre trajo a Ildefonso consecuencias dramáticas, tanto para sus víctimas como para él mismo, convertido en su propia víctima.
      Un abrazo.

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  17. Hola Josep, qué raro, en tu otro blog no me sale el recuadro de los comentarios.
    Miraré más tarde.
    Un abrazo.

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    1. Sí que es raro, Elda. De pronto, yo tampoco puedo abrir el recuadro para las respuestas a los comentarios ya hechos. Lo he revisado todo, empezando por la configuración, y aparentemente todo está bien, o por lo menos igual de como estaba hasta el momento de producirse esta anomalía. Ya no sé qué hacer, así que he enviado a Google un mensaje de ayuda.
      Ya tenía razón cuando escribí una entrada sobre la informática.
      A ver si ha sido algún publicista que se ha ofendido al leer mi crítica y me ha echado mal de ojo. Curiosamente he observado que el número de seguidores se ha reducido en uno. ¿Un hacker vengativo?
      Espero que se arregle pronto.
      Siento el inconveniente. Si supiera más de informática quizá podría arreglarlo yo solo.
      Un abrazo.

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  18. El resentimiento acumulado durante años da lugar a estas cosas,... de todas formas, aunque sea título póstumo su autoestima se vio recompensada, ;-)

    Un abrazo Josep!

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    1. Cuando alguien reacciona violentamente a un suceso aparentemente intrascendente, se dice que ha sido la gota que ha colmado el vaso. A Ildefonso su frustración colmó todo el océano de rabia contenida. Su necesidad de alcanzar a toda costa la notoriedad, hizo explosionar al espíritu malvado que llevaba dentro.
      No sé si desde el más allá tuvo ocasión de comprobar el resultado de su plan. Yo prefiero pensar que no.
      Un abrazo,

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