lunes, 26 de enero de 2026

El mar


 

Mediterráneo, la canción de Joan Manuel Serrat, siempre me ha emocionado; cada vez que la escucho, me siento totalmente identificado. Y no solo por haber nacido a orillas de este mar, ahora tan maltratado por el ser humano que lo contamina, sino también porque siempre he querido vivir y morir a orillas del mar que me ha visto crecer y que me ha inspirado tantas historias.

Tal ha sido mi apego al mar, que ya de adolescente soñaba con comprarme una casa en la Costa Brava, algo que me parecía un sueño imposible, una quimera, un lujo inalcanzable. Pero, tras muchos años de trabajo intenso y de ahorro, y gracias a mi envidiable carrera literaria, pude ver por fin satisfecho aquel sueño juvenil.

Así pues, tengo una casa rodeada de un extenso pinar, frente a un pequeño acantilado que se desploma sobre una minúscula cala a la que solo se puede acceder en barca o a nado, si quien lo pretende es lo suficientemente experto para luchar contra un mar habitualmente bravo, cuyas olas explotan con una extraordinaria violencia sobre las desafiantes rocas que, impertérritas, protegen la costa.

Esta casa, que ocupo desde hace dos años, es mi refugio, donde espero vivir mis últimos años de retiro y de soledad, tras el fallecimiento de Sara, mi esposa, que no llegó a disfrutar de ella, con la ilusión que le hacía.

La depresión en la que me sumí tras la muerte de Sara, ha dejado, y dejará para siempre, mella en mí. Lo primero que hice fue abandonar la escritura en la que he estado inmerso durante más de veinte años, pues era incapaz de escribir una sola línea, y retirarme a este lugar en busca de sosiego y paz interior.

Durante el pasado año, me dediqué a reflexionar sobre mi pasado. Mi terapeuta me aconsejó que pusiera por escrito mis vivencias, pues sería un revulsivo. Y lo único que me venía a la memoria era que fueron muchas mis ausencias, abandonando a Sara en manos de una enfermedad que mantuvo oculta hasta que ya no fue posible. Pasaba tanto tiempo fuera que, sin saberlo, la desatendí cuando más me necesitaba. No quiso molestarme con sus problemas, como me dijo al llegar a ese estadio en el que ya no había marcha atrás. Y por eso me siento culpable, por no haber estado a su lado y compartir con ella todo el doloroso proceso que acabó con su vida. Se calló para no inquietarme, para no hacerme sufrir, para que pudiera escribir sin ningún tormento que perturbara mi inspiración. Sufrió en silencio ante mi más absoluta ignorancia. ¿Cómo no me di cuenta de lo que le ocurría? ¿Tan ciego estuve?

Cuando repaso nuestra vida en común, la veo a mi lado, con su eterna sonrisa, su mirada luminosa, su voz aterciopelada y me entran unas ganas incontrolables de retroceder, de dar marcha atrás, de volver a vivir esos momentos mágicos que no supe saborear como era debido, y me siento terriblemente solo y culpable por no haberla hecho más feliz durante todos esos años de convivencia. Si hubiera sabido que estaba gravemente enferma, no me habría separado de ella ni un segundo. Pero a tiro pasado, todo se ve de un modo distinto. Seguro que, si volviera a nacer, volvería a comportarme del mismo modo.

Cuando hace unos días paseaba a solas frente al mar, recordaba cuando vinimos aquí por primera vez y nos enamoramos de este paisaje, y decidimos comprar la parcela donde construiríamos esta casa, que ella no ha llegado a ocupar. Desde lo alto del acantilado, observaba las olas enfurecidas romper contra las rocas y ante esa imagen, me sentía como ellas, rompiéndome en mil pedazos, como represalia a tanto despropósito, a tanta ignorancia y egoísmo. Y es que yo fui de esos que, en lugar de trabajar para vivir, vivía para escribir, era mi pasión, en lo que invertía todo mi tiempo, y ¿para qué? Ahora tengo la casa que deseamos, tengo mucho dinero, pero no tengo lo más importante en esta vida: el amor del ser amado.

Por este motivo, no valía la pena vivir sin ese amor, perdido para siempre. Por eso, me lancé a este mar que tanto me ha atraído, en el que tantas veces me he sumergido, para convertirme en una de esas olas furiosas que acaban su embestida en unas rocas que no dudan en desintegrarlas en mil pedazos.

 

****

 

Creo que ha sido ella quien me ha salvado a través del osado bañista que me vio saltar desde lo más alto. Dijo a los de la ambulancia que no tenía previsto bañarse debido al oleaje, pero que algo le empujó, una fuerza extraña que le decía que tenía que hacerlo. Desde su zodiac, me vio abalanzarme y sin pensárselo dos veces se lanzó al agua para que mi cuerpo no se estrellara contra las rocas. Aun así, no pudo evitar que ello sucediera, rescatándome en estado inconsciente, pero con vida. Se jugó su vida por salvar la mía, sin ningún valor para mí.

Tras despertar en la UCI, una enfermera vino a verme para interesarse por mi estado. Por su expresión, me pareció que conocía el contenido de la nota de despedida que dejé junto con mi documentación. No quería ser un suicida anónimo, pues nadie del lugar me conoce, aunque me imagino que tarde o temprano me habrían identificado.

Ahora todos sabrán quién soy y lo que he hecho, pero no me arrepiento. Solo me duele no haber podido cumplir con mi objetivo. Quería reunirme con ella y no he podido ver este deseo satisfecho. No me quedará más remedio que seguir viviendo atormentado o volver a intentarlo.

Unos días después y algo más calmado, pensé hacer lo que me recomendó mi terapeuta: que le escribiera cartas a Sara como si aun estuviera viva. Esperaba, como me dijo, que esto me aliviaría, pues podría desahogarme y proseguir con mi vida sin remordimientos, e incluso volver a empezar una nueva vida. Añadió que, aunque no la olvidaría jamás, sería capaz de continuar viviendo sin tenerla a mi lado, solo en mi mente.

Y eso creo que ya está ocurriendo, pues aquella enfermera me recordó mucho a mi mujer. Tenía su misma sonrisa, su misma mirada y su misma voz. Cuando más tarde pregunté por ella a sus compañeras, ninguna supo darme razón de quién era, a pesar de lo mucho que la describí.

No puedo quitarme de la cabeza lo último que dijo al marcharse, que me dejó perplejo y que no acabé de comprender, posiblemente porque todavía no estaba completamente lúcido: «No lo vuelvas a intentar. Estoy bien y no quiero verte sufrir. Has vuelto a nacer, así que aprovecha esta nueva oportunidad»

Al llegar a casa tras recibir el alta hospitalaria, quise relajarme escuchando a Serrat cantando Mediterráneo. Fue una experiencia extraordinaria: sentí a Sara muy cerca de mí. Se me erizó el cabello de la nuca y se me puso la piel de gallina. Noté, a mis espaldas, una presencia, una sombra, su aroma, pero cuando me giré comprobé que allí no había nadie, estaba solo, solo con ella en mi pensamiento. Ahora no solo le escribo, también le hablo. No me contesta, pero sé que me oye. El mar y ella son mis dos únicas compañías.

 

22 comentarios:

  1. Hola Josep, que historia más fuerte con intento de suicidio y todo.
    En las primeras líneas de tu relato, pensé que lo escribías en primera persona hasta que me di cuenta que no.
    El poder la mente es superior a todo, y si no se controla la persona puede acabar mal como le ocurrió a tu protagonista, menos mal que alguien le pudo salvar con esa intuición tan bonita que lleva consigo y que en parte le ha recuperado de esa culpa que se había echado encima.
    Me ha encantado, tiene su puntito de un misterio encantador y que podría ser real. Eso nunca se sabe pero si sucede, es estupendo. La referencia de la enfermera es genial en la historia.
    Muy bonita, me ha gustado mucho.
    Un abrazo Josep, y que tengas una semana estupenda.

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    1. Hola, Elda. Por fortuna no soy el protagonista de esta triste historia, pues dejo las tristezas para los demás, y preferentemente para personajes de ficción, je, je.
      Cada persona responde de una forma distinta a un drama personal; los hay que lo superan con cierta facilidad, de modo que las fases del duelo son más breves y llevaderas que en otras personas, y hay quienes se hunden en un pozo del que les cuesta salir, si es que lo acaban logrando. Mi proagonista es de estos últimos, llegando al extremo de desear la muerte debido a la culpabilidad que siente por lo ocurrido a su mujer.
      Tras esta iirmera parte, más racional, aparece la magia, con esa aparición que al principio no relaciona con el espíritu de su mujer fallecida y que, de algún modo, le ayuda a sobrellevar la tragedia de su pérdida.
      Un abrazo y que pases también una buena semana.

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  2. "La realitat supera la ficció" i en aquest cas podríem dir que per molt bo que sigui el teu relat, és més complicat quan passa de veritat. Cosa que m'alegra moltíssim saber que no ha estat així.
    És ben cert que de vegades estem massa capficats amb les nostres coses, que no veiem què passa al nostre voltant, fins que no té remei, com és el cas del teu protagonista.
    Enhorabona, m'ha agradat molt!
    Aferradetes, Josep Mª.

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    1. Realment és així. Una cosa és llegir, escoltar i fins i tot veure un drama, i una altra molt diferent és viure-ho en primera persona. En aquest relat de ficció m'he permés imaginar el que el meu protagonista experimenta, haven conegut casos semblants, però mai he estat, per sort, el protagonista real.
      En quan al fet de passar per alt la malaltia de la persona estimada per manca d'atenció, sí que he conegut de primera mà un fet idèntic i també tingué un desenllaç iatal. En aquest cas ell era music i tampoc parava molt per casa.
      M'alegro que t'hagi agradat aquest relat.
      Aferradetes!

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  3. Un relato muy duro de alguien que le es casi imposible superar su pérdida y asumir ese duelo tan angustioso, pero siempre queda un rayo de esperanza y en este caso lo veo así, que la vida le dió otra oportunidad para seguir viviendo. Un abrazo y feliz semana

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    1. Cuando alguien se culpabiliza de la pérdida de su ser amado, el duelo tiene que ser muy duro y ya no hay vuelta atrás ni una segunda oportunidad. En este relato, en cambio, he querido que, en cierto modo, sí hubiera una segunda oportunidad en forma de auto-perdón del protagonista, lo cual le ayuda a seguir viviendo gracias a la supuesta presencia de su amada, aunque sea de una forma inmaterial.
      Un abrazo.

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  4. Siempre habrá una canción para dar un poco de consuelo. En este caso, "Mediterráneo", de Serrat. Ahí es nada.
    Muy buen relato.
    Un abrazo.

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    1. Hay canciones, y la música en general, que han marcado la vida de una pareja o bien han ayudado a hacer más llevadera una desgracia. Del mismo modo que se dice que la música amansa a las fieras, también relaja la tensión, reduce la ansiedad y disminuye la tristeza.
      Elda ha comentado que creía, al principio del relato, que yo era el protagonista, y ahora que lo pienso sí tengo algo en común con él: me encanta esa canción de Serrat y me gusta el mar, je, je.
      Un abrazo.

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  5. Mediterráneo de Serrat es una de mis canciones preferidas de todos los tiempos. mi primera pareja y padre de mi hijo tenía la letra pegada en la pared de su habitación cuando empezamos a salir allá por 1979. Me grabó en un cassette el LP completo y es una maravilla.
    El relato también es precioso y refleja bien el espíritu de la canción. Afortunadamente, el temporal no llegó a desguazar sus alas blancas y la parca tendrá que esperar un poco más. Y esa aparición de Sara velando por él es de lo más romántico.
    Un beso.

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    1. Mediterráneo es de 1971 y para mí sigue tan vigente como cuando la cantó Joan Manuel Serrat. Me encanta escucharla y soy un fan de Serrat desde que lo oí cantar en directo (sería en el verano de 1968 o 1969) "Ara que tinc vint anys" (Ahora que tengo veinte años), una de sus primeras canciones que lo hicieron famoso. Seguramente ello me ha inspirado a iniciar este relato del modo en que lo he hecho.
      Y sí, podríamos decir que esta historia es un drama romántico, en el que el protagonista logra, por fin, hallar la paz aunque sea con la presencia inmaterial de su mujer que le consuela.
      Un beso.

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  6. Hola Josep. El tono de tu escrito es confesional, casi terapéutico (el terapeuta le pidió escribirlo), con imágenes potentes del mar violento, el acantilado y las olas rompiéndose. El final es trágico y circular: el mar que lo inspiró y lo vio crecer se convierte en el lugar donde elige acabar con todo. Es un texto con mucha carga emocional. Bien escrito, con sinceridad cruda y un cierre demoledor que deja huella.
    Serrat ha inspirado a muchos, un poeta mayúsculo, brillante, que marcó a toda una generación.
    Un abrazo.

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    1. Hola, Marcos.
      Su vínculo con el mar es tan fuerte que, de algún modo, desea acabar con su vida en sus brazos. Para él, la fatalidad de haber perdido a su esposa continúa al no haber podido hacer realidad ese deseo y tener que convivir con la pena y la culpa. Algunos terapeutas creen que, poniendo en papel las penalidades, estas se hacen más llevaderas. No sé si será cierto, pero conozco una caso muy cercano en que así fue, pudiendo de este modo aligerar la depresión en la que se hundía esa persona. El final es pura ficción romántica, tal como lo concebí a medida que iba avanzando en la escritura de esta historia.
      Muchas gracias por tu siempre favorable crítica a mis escritos.
      Un abrazo.

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  7. Impactante relato emocional. Como las ola que baten los acantilados. escribir es terapéutico, eso queda demostrado cada vez que nos corroe las ganas de hacerlo.
    Por otro lado yo no he nacido al lado del Mediterráneo ni cerca de ningún mar, pero me identifico y me emociono con esa canción de Serrat cada vez que ka oigo.
    Otro abrazo.

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    1. Hola, Javier.
      Escribir sobre dramas se me antoja un modo de desahogo personal y de sentirse a resguardo de cualquier penalidad. Es como ver una película de terrror, que luego resulta gratifcante porque compruebas que eso que has visto no te ocurre ni te ocurrirá, je, je.
      Serrat es mi cantautor favorito, y esa canción me encanta y emociona a la vez. Yo, al igual que mi protagonista, nací a orillas del Mediterráneo, me encanta el mar, paso mis vacaciones y fines de semana en la Costa Brava, y, como he dicho, me encanta esa canción desde que la oí por primera vez. Por lo demás, no tengo nada en común con el personaje de este relato, por fortuna, je, je.
      Un abrazo.

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  8. Si Sara no le contesta lo mismo tiene que volver a intentar suicidarse para que aparezca de nuevo. O mejor, no, que lo mismo aparece en forma de médica cabreada y le hace alguna perrería, ja, ja, ja.
    Fuera bromas, es un relato muy tierno y muy bonito.
    La canción de Serrat es preciosa, pero hice un viaje a Valencia con una amiga a la que también le encantaba y se dedicó todo el camino a ponerla una y otra vez, tanto la oí que ahora la tengo un poco de manía, ja, ja, ja.
    Un beso.

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    1. No, no, Sara es (o más bien era) una buena mujer, cariñosa y amante de su marido, y nunca le haría una trastada así, je, je.
      Pues sí, la reiteración exagerada suele conducir al hartazgo, aunque hay cantantes y bandas (como los Beatles y los Rolling, qué quieres, soy un fan de aquella época musical) de los que no me canso de escuchar una y mil veces sus mejores temas.
      Un beso.

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  9. Josep, seguro (quiero creer) que terminará escribiendo un libro sobre "la ilusión de la separación": Sobre esto se refieren los budistas, los neurocientíficos, los físicos cuánticos... Falta que lo diga/confirme el protagonista del relato jeje. Me gusta ese "toque paranormal" para renovar las esperanza con el que vas cerrando el texto. Desmitificando que no todo "lo que viene del mas allá hacia el más acá" es para atormentarnos. Al contrario, puede despejar esa tormenta. Va un abrazo.

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    1. Debe tratarse de la supraconciencia, de la que hablan algunos autores, esa conciencia externa a nuestro cuerpo material que sobrevive a la muerte física. Aunque el portagonista no puede verla, la intuye cerca de él e interactúa con ella en cierto modo. No deja de ser un consuelo. Quién sabe.
      Un abrazo.

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  10. He leído tu relato imaginando la casa, el acantilado y las olas golpeando, conozco varias de las calas desde Blanes hacia arriba. Me ha encantado leerte Josep.

    Abrazos.

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    1. Es muy bueno, o por lo menos, interesante eso de visualizar una historia contada con palabras, pues ello indica que el lector, o lectora, se ha sumergido en ella. En tu caso, además, es bastante lógico si conoces la zona que se describe.
      Un abrazo, Conchi.

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  11. Hola, Josep! Cuanta poseía envuelve este relato. El mediterráneo es así, te envuelve y su brisa transporta las palabras que brotan con armonía. A parte de ello, qué relato más bonito, dramático y casi trágico a partes iguales. La dedicación exclusiva tiende a la obsesión, y la obsesión no es buena. Sobre todo, cuando lo has perdido todo y miras atrás y te das cuenta del tiempo perdido y de lo necio que has sido. A nadie que le pase!
    Un relato formidable, Josep.
    Un abrazo!

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    1. Hola, Pepe! La naturaleza, por lo general, es muy inspiradora y hay quien es mucho más sensible a ella que la mayoría de la gente "normal". El agobio de la vida moderna evita que prestemos la atención debida a lo que nos rodea. Mirar el mar es muy relajante, aunque también lo es un bosque, un valle o unas montañas. Mi protagonista, llevaba dentro la semilla del amor al mar, a su mar, su refugio, especialmente cuando se quedó solo, sin la compañía de su amada, con la que quería compartir el resto de su vida y como no pudo ser, creyó que su amigo el mar lo tragaría para reunirse con ella.
      Al final, no habiendo visto satisfecho su deseo, tuvo que contentarse con la compañía de las dos cosas que más amó: su mujer, en espíritu, y el mar mediterréneo. Y la música de Serrat, claro, je, je.
      Muchas gracias por tu amable comentario.
      Un abrazo.

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