Para Sergio, la vida se
había vaciado de contenido y de sentido y ya no sabía qué hacer. Desde que
Bibiana le dejó, no se sentía con ánimos ni de salir a la calle. Había sido una
pérdida tan dolorosa que creía que no lo superaría. Por mucho que los amigos le
insistieran, no estaba de humor para salir a tomar una copa y mucho menos para
conocer a otras mujeres. Todo era muy reciente todavía. Aunque su terapeuta le
había aconsejado la baja laboral, él había optado por tomarse esas vacaciones
que la empresa le debía y darse así un tiempo para serenarse y levantar cabeza.
Justamente, unos días
antes había recibido por correo un folleto publicitario de un nuevo balneario de
alto standing y allí se dirigiría sin más dilación desoyendo los consejos de
sus amigos. El encierro, porque de eso se trataba, podía tener incluso malas
consecuencias para su salud mental, le decían. Lo que necesitaba era salir,
distraerse e intentar rehacer su vida pues todavía era muy joven para quedarse
en casa llorando la trágica pérdida.
El balneario estaba en
plena montaña y lo que Sergio necesitaba era tranquilidad para serenarse,
reflexionar y encontrar esa paz y fuerza interior que le ayudara a renacer de
sus cenizas. Y allí se fue con la intención de borrar de su mente la imagen de
Bibiana en el depósito de cadáveres después de que la hallaran muerta esa noche
en el parque cercano a su casa, esa horrible imagen recurrente contra la que no
podía luchar.
El balneario resultó
como esperaba y fiel a la descripción que de él se hacía en el folleto. Las
instalaciones eran magníficas y el paisaje inmejorable. Buenos alimentos, aire
puro, paseos en plena naturaleza y un tratamiento anti-estrés lo dejarían como
nuevo, física y anímicamente.
Se apuntó a todo tipo
de tratamientos y actividades relajantes y le asignaron a Silvia, quien sería,
durante toda su estancia allí, su monitora personal.
Conocer a Silvia fue
para Sergio como una aparición. No lo podía creer. Era clavada a Bibiana, su
doble. Tenía los mismos ojos, los mismos labios, el mismo pelo, la misma
estatura y complexión, su forma de moverse, de sonreír, de hablar. ¡Incluso su misma
voz!
Tras el shock inicial,
Sergio empezó a tratar a Silvia como si fuera Bibiana. En más de una ocasión la
había llamado por ese nombre, no podía evitarlo. Esa atracción se convirtió al
poco tiempo en obsesión, una obsesión enfermiza, que le impulsaba a observarla,
seguirla, espiarla a todas horas. Él se decía que se había vuelto a enamorar,
que había vuelto a encontrar a su media naranja, a su nuevo amor, el único
capaz de hacerle olvidar a Bibiana y se aplicó aquello de que un clavo saca
otro clavo, y más si son idénticos.
Silvia, por su parte,
se sentía agobiada y cada vez más incómoda ante el trato que Sergio le
dispensaba, rayando el acoso. Empezó a temerle y decidió solicitar a su
superior que le asignara otro cliente.
Cuando le comunicaron
el cambio, Sergio se sintió abandonado, engañado, traicionado. De nuevo. Volvía
a ocurrir. Otra vez se sentía ultrajado. Otra vez le abandonaban por otro.
Silvia era como Bibiana, por eso se comportaba igual y por eso tendría que
hacerle lo que le hizo a ella. Sí, acabaría con ella como con la zorra de
Bibiana. Esa noche, esa misma noche. Cuando se dispusiera a marcharse, la
abordaría en el jardín, al amparo de la oscuridad. Sólo tenía que repetir lo
que le hizo a Bibiana cuando la atacó en el parque. Sus manos eran grandes y
fuertes. Luego, sólo tendría que desempeñar el papel del cliente afligido. Ese
papel se lo sabía muy bien pues no habían pasado ni dos años desde que tuvo que
asumir el de marido desconsolado.

Hola Josep, que buena historia con un final no esperado.
ResponderEliminarVaya tipo más loco tu protagonista, nada sospechaba yo que Bibiana hubiera muerto por sus manos.
Al principio cuando he empezado a leer, me sonaba lo del Balneario como si hubieras escrito otra historia en lugar así, pero el tema ya no me sonaba, :))).
Como siempre me ha encantado tu historia, esa forma de escribir con calidad tan notable.
Ya ando por aquí aunque con pocas ganas, porque de inspiración sigo lo mismo, :))).
Un gran abrazo.
Hola, Elda. Qué gusto volver a saber de tí y, cómo no, recibir tu siempre agradable comentario.
EliminarLos "buenos" psicópatas son aquellos que no lo parecen, y a Sergio, la aparición de Silvia le incentivó para volver a cometer el mismo crimen que con su mujer. Según su mente eferma, dos personas tan parecidas entre sí debían tener el mismo final.
Y en cuanto a tu inspiración, dale tiempo a tus musas para que vuelvan a estar a punto, je, je.
Un fuerte abrazo.
Un bon gir al final del relat, és el que el fa magnífic.
ResponderEliminarPobra Bibiana! Espero que la Sílvia tingui més sort. ;-)
Aferradetes, Jose Mª.
Jo també espero que la Silvia pugui salvar-se de morir a mans d'aquest psicòpata.
EliminarMoltes gràcies per la teva valoració.
Aferradetes, Paula.
Interesante relato con un final sorprendente.
ResponderEliminarUn abrazo.
Muchas gracias, Chema. Las sorpresas suelen gustar a la gente inteligente, ja, ja, ja.
EliminarUn abrazo.
Hola, Josep! Menudo psicópata te has sacado de la manga. Ya su manera de pensar con Silvia era muy rara, pero pensé que era fruto de la perdida y de una mente castigada, pero que fuera él el asesino me pilló de sorpresa. Madre mía, hay gente que es mejor no molestar, jejje
ResponderEliminarUn abrazo!
Hola, Pepe. Hay más locos sueltos de lo que nos imaginamos.
EliminarA este, efectivamente, más vale no molestarlo y no presentarle amigas guapas que le recuerden a sus víctimas, je, je.
Muchas gracias por tu comentario.
Un abrazo.
Mira que sabía que iba a haber sorpresa, pero no imaginaba una de tal calibre. Muy buen relato. Me ha mantenido expectante de principio a fin. Quería saber por dónde venía esa sorpresa y ha venido de forma inesperada.
ResponderEliminarUn beso.
Tarde o temprano, la sorpresa apareció, je, je. Me alegro que te haya gustado.
EliminarUn beso.
Qué bueno, para nada imaginé el final. Estupendo y por cierto, muy bien narrado. Te felicito.
ResponderEliminarSAludos.
Muchas gracias, Manuela, por tu comentario. Las historias de suspense tienen eso, que uno no sabe muy bien cómo acabarán.
EliminarUn saludo.
Qué balneario, un psiquiátrico le vendría más que bien a ese tipo. Muy buena, Josep. Va un abrazo.
ResponderEliminarPues no me extrañaría que del balneario fuera directamente al manicomio en cuanto descubran lo que ha hecho.
EliminarUn abrazo.
Contundente historia Josep. Al principio me hiciste penar en que podía tratarse de la gemela de su pareja, pero era algo más oscuro. Menudo final. Estas aprendiendo las malas artes de algunos.
ResponderEliminarUn fuerte abrazo.
"Pensar" y no "penar". El penar será el de la siguiente victima si nadie pone remedio.
ResponderEliminarPena, penita, pena, je, je. Eso es lo que originará el hallazgo de la pobre Silvia tras la "intervención" del psicópata obsesionado con ella.
EliminarBueno, espero que quien escriba historias de asesinatos no se convierta en asesino, pero hay quien dice que solo un demente puede imaginarlas, ja, ja, ja.
Un fuerte abrazo, Javier.