lunes, 21 de marzo de 2016

Las estaciones


Charles y Christine entran nuevamente en escena, pero con una historia totalmente distinta a la de “Las apariencias engañan”. Las únicas coincidencias con respecto al relato anterior son: el nombre de los protagonistas, la frase de arranque (el día era perfecto), algún que otro detalle y las cinco palabras elegidas al azar: éxtasis, diablo, pintor, Edén y  nubes. Éste es el resultado.


El día era perfecto. Estaba seguro de que todo iría bien. Las apariencias no siempre engañan. Desde que Charles Parker había vuelto a Charleston, la vida le sonreía. Cuando se licenció juró no volver nunca más. Quería olvidar. Pero no pudo resistirse a la propuesta de hacer una exposición de sus obras en esta ciudad, en una de las mejores galerías de arte del Estado. Y fue un acierto. Tuvo un gran éxito como pintor y decidió quedarse. Lo único que temía era encontrarse con ella. Pero el azar, siempre tan caprichoso, había hecho que así fuera. Ahora que la había vuelto a ver, ni el mismísimo diablo podría arruinarle esta segunda oportunidad.

Christine Rogers –ese era su apellido de soltera- vivía ahora en una zona residencial de Mount Pleasant, a las afueras de Charleston. Se fue a vivir allí tras casarse con el imbécil de Jeffrey Simmons, el pivot del equipo de básquet. Vivía con sus dos hijos de corta edad. Llevaba dos años divorciada. Era profesora de Historia del Arte en la Facultad donde ambos se conocieron.

Desde que se encontró casualmente con ella, un sábado por la tarde, Charles vivía en un constate éxtasis. Verla de nuevo le hizo revivir aquel curso en la Facultad de Bellas Artes en el que había logrado salir con la más guapa, adorable y deseada cheerleader de todo el campus.

Al día siguiente, domingo, las nubes se habían retirado para dejar paso a un sol radiante. En Carolina del Sur el otoño es muy cálido. El estanque del parque y sus alrededores se asemejaban al mismísimo Edén. Solo faltaba que su Eva le diera a probar la manzana. Pero todo a su tiempo. Habían quedado a las doce. Irían a comer a un restaurante del barrio histórico de la ciudad y luego... lo que surgiera. Al ex marido de Christine le tocaba estar todo el fin de semana con los niños. Tenían lo que quedaba del día para estar juntos.

Sería su primera cita tras quince años de separación. Charles no olvidaría jamás la noche que fue a recogerla a casa de sus padres con su Ford Mustang de 1966, de color rojo y de tercera mano. Christine había aceptado ser su pareja en el baile de fin de curso. Esa noche se le declararía. El tenía veinte años, ella diecinueve.

Charles quería ahora causarle buena impresión. Ella seguía bellísima. La maternidad no le había pasado factura. Conservaba un cuerpo de vértigo, casi como el de una adolescente. Él, en cambio, lucía una incipiente calvicie y la falta de ejercicio le había obsequiado con una tripa que amenazaba con hacer saltar algunos botones de la camisa entallada. Esperaba que ella no se fijara en esas minucias. Aunque después de tanto tiempo ¿qué pretendía? ¿Qué cayera rendida en sus brazos? ¿Después de lo que pasó? Pero había algo a su favor. Su mirada y su expresión, al hablarle el día anterior de su vida de casada, la delataron. Había sido muy infeliz y deseaba rehacer su vida. Todavía había un resquicio de esperanza. Si había accedido a ese encuentro era porque todavía sentía algo por él.

Eran las doce y media y Christine no llegaba. Tenía reservada una mesa a la una en punto en el Halls Chophouse. Estaba hecho un manojo de nervios. ¿Y si se había arrepentido y no acudía a la cita? ¡Tan bien que había empezado el día! Las dos. La situación estaba tomando un cariz preocupante. A las dos y cuarto comprendió que estaba perdiendo el tiempo. Habían vuelto a aparecer las nubes y el aire amenazaba lluvia. Le pareció oír un trueno lejano. Con un suspiro de resignación, arrojó a la papelera la gardenia que le había comprado –su flor favorita- y abandonó el lugar cabizbajo. Ya tuve mi oportunidad hace quince años y no la supe aprovechar. ¿Qué esperabas? –se dijo.

Cuando arrancó el coche, un Ford también rojo pero de matriculación reciente, cambió de opinión. Iría a verla. Necesitaba hablar con ella. Aunque no tuviera ninguna oportunidad de recuperarla, por lo menos quería dejar las cosas claras, disculparse, cerrar aquel episodio.

Conduciendo por la Interestatal camino de Mount Pleasant, tras dejar atrás Charleston, su mente voló hasta los días felices antes de su ruptura. Recordó aquella mañana de otoño cuando la conoció. Ella iba un curso por detrás de él. La había visto miles de veces pero nunca se había atrevido a decirle nada pues la consideraba inalcanzable. Era sin duda la chica más guapa de la Facultad. Todos suspiraban por ella. Pero aquel día se sentó a su lado, en el césped del campus, y empezaron a hablar. Recordó aquella tarde de invierno, patinando en el pabellón municipal cogidos de la mano. Recordó la primavera siguiente, cuando oficializaron su relación y le presentó a sus padres. Y volvió a recordar aquella aciaga noche de verano cuando fueron al baile de fin de curso. En menos de un año, durante cuatro estaciones, pasó de la ilusión a la decepción, del enamoramiento alocado a la tortura del abandono. Y todo por culpa del chico más famoso y más alto de la Facultad, un guaperas con un pedazo de serrín por cabeza. Lo único que tenía era una buena planta y unos padres muy ricos. Y mucha labia. Con esos únicos atributos le robó la que tenía que ser su novia. Ni siquiera le dio tiempo a declararse. Se la arrebató literalmente de las manos y lo dejaron tirado en medio de la pista de baile.

El rencor le hizo decir y hacer cosas de las que ahora se arrepiente. Los celos y la rabia le nublaron la razón y le empujaron a ser cruel con ella. No volvió a dirigirle la palabra aun cuando ella lo intentó. Supo, por sus amigas, que se sentía profundamente arrepentida, que reconocía haber cometido un error. Pero él no quiso reconciliarse con ella. ¿Cómo pretendía que la perdonara después de lo que le hizo? Cuando él terminó los estudios supo que se había prometido con aquel ladrón de novias. No hizo nada por evitarlo.

Andaba recordando todo esto cuando sonó su móvil. Lo había dejado en el asiento del copiloto. Lo tomó intentando mantener la vista en la carretera. Cuando lo tuvo en sus manos vio que era ella quien llamaba. “Chris” aparecía en la pantalla. La fotografía que había usado para identificarla en su directorio era la que le hizo la noche que iban al baile, con una gardenia prendida en su cabello. Estaba preciosa. ¿Por qué tuvieron que acabar de aquel modo? Pero ahora todo volvería a ser como antes. Seguro que llamaba para disculparse. Habría tenido un contratiempo y no había podido acudir a la cita. Charles deslizó el dedo pulgar sobre la pantalla para contestar la llamada y se acercó el aparato al oído a la vez que volvía la mirada al frente.

La colisión fue brutal. El conductor del camión no tuvo tiempo de esquivarlo. Entre el amasijo de metal y plástico en el que se convirtió el Ford Mondeo, el móvil de Charles apareció intacto. Cuando uno de los bomberos lo recuperó, comprobó que había muchas llamadas entrantes. Todas eran de “Chris”. Un SMS decía: “Lo siento, mi ex ha vuelto antes de tiempo. Tengo que quedarme con los niños. Nos veremos otro día. Te he echado mucho de menos.”.

Aquella tarde de otoño un feroz aguacero descargó sobre todo el condado.
 
 

22 comentarios:

  1. Hola. me encantó este relato aunque el final es muy trágico y Charles no pudo saber que su amada estaba dispuesta a darle una segunda oportunidad de iniciar un proyecto de vida en común. El azar, el destino en muchas ocasiones es trágico... Seguimos en contacto

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Marta,
      Hay veces que lo que parece ir bien acaba muy mal; en este caso en una tragedia.
      No siempre hay segundas oportunidades y, si las hay, a veces no se quieren o, como en este caso, no se pueden aprovechar.
      Sí, estaremos en contacto.
      Un abrazo.

      Eliminar
  2. Que bonita historia con un final inesperado y por lo tanto más interesante, no siempre las cosas terminan bien.
    Es increíble como le das el poder a lo que escribes para que resulte al lector interesante para llegar hasta el final e incluso de haga corto el relato
    Me ha encantado, a ver para cuando un libro... seguro que sería muy interesante.
    Un abrazo Josep-

    ResponderEliminar
  3. Pues si que he puesto veces interesante, jajaja, es que no veía lo q estaba escribiendo en la tablet,bailaba la página, y al final he tenido q coger el móvil, todavía esto sin ordenador...

    ResponderEliminar
  4. Pues si que he puesto veces interesante, jajaja, es que no veía lo q estaba escribiendo en la tablet,bailaba la página, y al final he tenido q coger el móvil, todavía esto sin ordenador...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajaja. No te apures, Elda. Cuando soy yo quien emite comentarios, después me doy cuenta que he cometido muchos gazapos tipográficos por culpa, a veces, de las prisas o por no fijarme. En tu caso, es de muy agradecer que, con los convenientes "instrumentales", vengas a leerme y a dejar tu amable opinión sobre este nuevo relato.

      En cuanto al libro, he acabado de compilar los 80 relatos "mejores" relatos (según mi modesta opinión) y voy a ver por qué medio puedo acceder a su publicación. Lo más probable es que acabe, como en el caso anterior, recurriendo a la auto-edición. Ya te contaré.

      Muchas gracias y recibe un fuerte abrazo.

      Eliminar
  5. Hola!!!1
    Me ha gustado mucho, y el final especialmente porque yo también soy de finales trágicos.
    Esto nos demuestra que hay que aprovechar el momento, soy muy Carpe Diem porque pueden pasar cosas.
    Un abrazo y feliz semana.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Marigem, por tus amables palabras.
      Algo tendrán las tragedias que siempre, o casi siempre, agradan, sobre todo si son inesperadas.
      Un abrazo y que también pases una buena semana.

      Eliminar
  6. El cargo de consciencia con el que tendrá que lidiar Christine desde ahora, la va a tener en vela durante varias y largas noches. Bien merecido, por lo demás.

    Saludos, Josep!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno, habrá que repartir responsabilidades. Si su ex no se hubiera presentado de improviso cambiando los planes, Christine hubiera acudido a la cita y todo se hubiera desarrollado de orto modo. Hay que ver cómo un pequeño cambio en un eslabón puede trastocar toda la cadena. Una ficha de ajedrez cambiada de casillero puede hacer perder la partida.
      Un abrazo.

      Eliminar
  7. Una segunda oportunidad para Charles y Christin que el destino y la mala suerte no quisieron más que insinuarles para después arrebatársela. Aunque el relato es triste por su final, está tan bien escrito y me ha resultado tan interesante que lo he disfrutado de la primera a la última letra. Te doy la enhorabuena: si el anterior ya me gustó mucho, este me ha encantado, y quizás un final feliz hubiera sido demasiado obvio, ¡¡así está perfecto!! :)

    Un abrazo fuerte y felices vacaciones, Josep :))

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Los malentendidos y los desencuentros hay que resolverlos en su momento, cuando se producen, pues después puede no haber una segunda oportunidad. Si Charles hubiera perdonado a Christine cuando ésta intentó la reconciliación, no hubiera terminado todo de este modo. Pero, claro, nunca se sabe.
      Yo no creo en el destino, en que nuestro futuro y nuestro final está escrito sino que lo escribimos nosotros. La vida es una mezcla de fortuna (o infortunio)y de mérito propio a partes iguales. Así pues, no hay otro culpable de nuestros actos que nosotros mismos.

      Me alegro que la lectura de este relato te haya resultado tan placentera y te agradezco tu interés por conocer esta segunda versión.

      Un fuerte abrazo y felices vacaciones.

      Eliminar
  8. Aunque, desde luego, no es un happy end me convence bastante más que la versión del otro día. Eso sí, en cuanto he leído que iba conduciendo y que le sonaba el móvil se me ha aparecido el final por adelantado. El accidente era inevitable. Y es lo que ha sucedido. Hay una lógica interna de tus relatos muy elocuente. El problema es desarrollar todo un giro sorprendente en tan poco espacio sin que dé lugar a una matización más compleja de los personajes. Desde luego yo no sería capaz de crear tan jugosos relatos como los tuyos que rezuman dinamismo y frescura.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estuve a punto de eludir la mención de que Charles toma el móvil intentando mantener a vista en la carretera porque ya invitaba a sospechar que habría un accidente, pero he creído que ya se había avanzado suficientemente el relato como para dejar la puerta abierta a esta sospecha. No me acaban de agradar las sorpresas en la ultima línea aunque reconozco haberlas utilizado. Es lo que tienen los relatos breves. Hay que medir cuando conviene empezar a desvelar el final.

      Un abrazo.

      Eliminar
  9. Vaya por dios cuando parece que todo va ir bien resulta que tiene este inesperado y trágico final, en fin que se le va a hacer, una historia que pintaba tan bien, aún así me ha gustado mucho. un abrazo. TERESA.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El mundo está lleno de tragedias. Cada día ocurren y nos hemos acostumbrado a ello, especialmente cuando les ocurre a los demás.
      Afortunadamente, esta es un historia de ficción. Me alegro que aunque no tenga un final feliz, te haya gustado.
      Gracias por venir y dejar ti comentario, Teresa.
      Un abrazo.

      Eliminar
  10. El baile del destino que nos hace escoger a la más guapa que es la más peligrosa aún sin saberlo.
    Estaba claro que el protagonista no iba a tener la segunda oportunidad esperada y eso que el mismo había dicho : Ni el mismo diablo le iba a estropear la ocasión. Pero es que el diablo siempre está pendiente de estropearlo todo, sobre todo si lo retamos a hacerlo.
    Estupendo relato, A mí si me gustan los finales inesperados. ¿Aún no lo sabes?
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya se sabe: el hombre propone, Dios dispone... y la mujer descompone (Refranero español, versión 2.0). Claro que, en este caso llevas razón: el diablo metió baza y no hubo segunda oportunidad aunque la bella Chris estuviera dispuesta a otorgársela a su antiguo amado.
      Muchas veces cuando queremos rectificar ya es demasiado tarde.

      Muchas gracias, Francisco, por tu lectura y comentario. Y, por supuesto, sé que te gustan los finales inesperados.
      Un abrazo.

      Eliminar
  11. Me ha encantado este relato, te mantiene en vilo y te sorprende con ese final tan inesperado, está visto que no todo el mundo tiene su segunda oportunidad.
    Desde luego, no se parece en nada al anterior relato, pero el otro también me gustó muchísimo.
    Un beso enorme, Josep

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Chari, por interesarte por esta segunda versión de la historia de amor frustrada entre Charles y Christine. Me alegro que te haya gustado y te agradezco que lo hayas expresado dejando tu comentario.
      Un abrazo.

      Eliminar
  12. Pobre Charles, no sé por qué pero pensaba que había sido ella la que había tenído el accidente y que por eso no había acudido a la cita. En cualquier caso, una faena... yo nunca contesto cuando conduzco para evitar una tragedia de este tipo: los fallos humanos son siempre los responsables de los peores accidentes.

    Muy buena historia, me ha atrapado de principio a fin ^^

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Charles no pudo resistir la tentación. La llamada era demasiado 9portante como para no atenderla y eso le costó muy caro.
      Muchas gracias, Holden, por tomarte el tiempo parta venir a leerme y dejar tu comentario.
      Un abrazo.

      Eliminar