miércoles, 25 de enero de 2017

Volar


Siempre había deseado volar. Desde muy niño soñaba que volaba como la más ligera de las aves. De joven, amante de los deportes de riesgo, quiso emular a uno de esos hombres-pájaro, pero aquel grave accidente de automóvil truncó momentáneamente sus esperanzas. Con el tiempo, advirtiendo que la esperada recuperación no llegaba, vio cada vez más menguadas las posibilidades de ver realizado su sueño. Ahora, comprendía que su ilusión ya nunca se haría realidad. Aunque, con los años, los traumatismos acabaron sanando, ya era demasiado tarde. Ya no tenía edad ni vigor para eso. Solo cabía resignarse ─vana ilusión─ pensando en que en la otra vida se sentiría, sin duda, más liviano que un pajarillo. Pero él hubiera querido alzar el vuelo aquí y, en cambio, sabía que se iría de este mundo sin haber sobrevolado los montes, los valles y los mares, tal como había visto hacer a otros más afortunados que él. 

Pero no estaba todo perdido, pensó al fin. Sus hijos lo harían por él. Lo dejaría escrito.

Cuando murió, esparcieron sus cenizas a más de mil metros de altura. Al fin lo había conseguido. Por fin voló.


29 comentarios:

  1. Una historia triste con un sueño cumplido a destiempo.
    Muy bonito.
    Un besillo.

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    1. Por desgracia, no todos los sueños se pueden cumplir a su debido tiempo.
      Gracias por dejar tu comentario, María.
      Un beso.

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  2. Una ilusión y un deseo cumplido pero por desgracia no en vida, en fin hay veces que la vida por unos motivos o por otros nos impide conseguir algunas metas e ilusiones. Un abrazo. TERE.

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    1. El protagonista vivió, como muchos mortales, de ilusiones; en este caso de una en particular. Tuvo que resignarse a no verla cumplida en vida, así que buscó un (triste) sucedáneo.
      Un abrazo, Tere.

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  3. Voló pero, aunque más vale tarde que nunca, flaco consuelo le queda de haber terminado volando así. Supongo que al menos, de existir la reencarnación, se reencarnaría en un bicho con alas. Uno que no sea ni kiwi ni pingüino, digo.

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    1. Tuvo que consolarse con lo único que le quedaba más a mano, aunque, por desgracia, dudo mucho que sus cenizas fueran conscientes de lo que hacían con ellas.
      Y de existir la reencarnación y seguir con su empeño en volar, espero que quien quiera que tenga potestad para encontrarle un nuevo cuerpo, sea magnánimo y le dé el de un ave algo más elegante que un kiwi o un pingüino, jaja
      Un abrazo de altos vuelos, amigo.

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  4. Qué rebonito, Josep Mª. Quizás si se hubiera atrevido a volar en vida el accidente no habría sido de coche sino de esos que sufren algunos hombres-pájaro. Realmente, el riesgo aparece incluso en los actos más continuos y repetidos de nuestro quehacer cotidiano, como fue en su caso, conducir un automóvil.
    Pero bueno, esto sería una lectura 'secundaria' del texto; el mensaje principal es el que es: hay sueños que los cumples tú en vida, y otros que los cumplen por ti cuando ya no estás. Precioso.
    Un beso

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    1. Quién sabe lo que le hubiera ocurrido de haberse decidido a volar antes del accidente. No podemos saber lo que nos deparará una actividad u otra. A veces, para evitar tener problemas con una actividad, la cambiamos por otra y nos encontramos con un problema peor. No sé si existe el destino, pero de existir, no debe poder cambiarse y si no existe pues entonces nuestra vida está en manos del azar.
      Cuántas personas ven (si es que pueden verlo) cumplidos sus deseos una vez han abandonado este mundo. Es una pena pero la vida es demasiado corta para ver realizados todos nuestros sueños.
      Muchas gracias, Chelo, por tus comentarios.
      Un beso.

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  5. Tantos sueños incumplidos que enloqueceríamos si no hubiera una palabra llamada aceptación.
    Otros sueñan con comer todos los días, otros que su insomnio perenne les deje descansar, otros más con poder pagar sus deudas y millones con encontrar un digno trabajo.
    Creo que un mal menor es irse de este mundo sin poder volar.
    Pero el relato es como todos los tuyos...Una invitación a leer y a soñar.
    abrazos Josep.

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    1. Efectivamente, Francisco, no nos queda más remedio que rendirnos a la evidencia y resignarnos con lo que tenemos y podemos hacer. Desde luego hay sueños que deberían verse cumplidos más que otros, como los que, como bien dices, atañen a las necesidades básicas para tener una vida digna. Pero hay quien se siente irremediablemente atraído por fantasías, seguramente porque ya tienen sobradamente satisfechas las necesidades materiales.
      No sé si habrás visto la película "Ahora o nunca" (te la recomiendo), protagonizada por Morgan Freeman y Jack Nicholson, en la que dos enfermos terminales, que entablan amistad durante su estancia hospitalaria, hacen una lista de deseos que quieren ver cumplidos antes de morir y emprenden juntos la tarea de ir logrando este objetivo conjuntamente. Como uno de ellos (Freeman) fallece antes de ver cumplido su último deseo (se trata de coronar la cima de uno de los picos del Himalaya -¿Everest?- no recuerdo cual), lo acaba realizando su amigo (Nicholson) en memoria suya. Supongo que es cuestión de tener una ilusión por ver cumplido un reto aparentemente imposible.
      Muchas gracias por tu amable comentario.
      Un abrazo.

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    2. Muy acertada tu alusión a la película "Ahora o nunca"; de hecho a mí me vino al pensamiento. Altamente recomendable ;-)

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  6. Ufffff qué pena que solo pudiera hacerlo a través de sus hijos y tan tarde, pero bueno...me ha gustado como lo cuentas.
    Un abrazo.

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    1. Si realmente existe otra vida, debió satisfacerle ver cómo sus hijos cumplían su último deseo, aunque solo fuera de ese modo.
      Muchas gracias, Gemma, por tu comentario.
      Un abrazo.

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  7. Hermoso y triste a parte iguales, Josep. Lo malo de los imposibles es que jamás se alcanzan; lo bueno, que su búsqueda nos permite alcanzar cosas que jamás hubiéramos creído conseguir. Un abrazo!

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    1. Pues sí, David, cuando uno se fija una meta imposible de alcanzar, puede hallar por el camino otras satisfacciones que no esperaba. Es bueno tener ilusiones, por descabelladas que puedan parecer, pues alimentan nuestro espíritu aventurero y de superación, siempre y cuando seamos conscientes de la dificultad que entrañan verlas cumplidas y que, de no lograrlo, no debemos sentirnos fracasados. Podríamos decir aquello de que fue bonito mientras duró.
      Un abrazo.

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  8. Una historia triste pero con ilusión. Aunque no pueda ver cumplido su sueño sabe que alguien lo harán posible por él.
    Un abrazo Josep.
    Puri

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    1. No poder ver cumplida una ilusión produce tristeza, pero una vez nuestro protagonista se hizo a la idea de no ver cumplido su deseo de volar, surgió otra ilusión, la de pensar que sus hijos cumplirían con su nuevo deseo. Lo importante es tener ilusiones, así la vida se hace más placentera.
      Un abrazo, Puri.

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  9. Hola Josep, te diré que había leído y comentado esta entrada, pero no le debí de dar a publicar.
    Bueno, yo creo que los deseos cuando se va pasando el tiempo y no se cumplen, con la edad se van difuminando (por mi propia experiencia), pero si al hombre de tu relato le hacía tanta ilusión hasta tal punto, pues me parece bien. Aunque vaya cargo más incómodo que le dejo a los hijos, jajaja.
    Un placer leerte siempre.
    Un abrazo y buen fin de semana.

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    1. Posiblemente con la edad se vayan atenuando ciertas ilusiones ilusorias, valga la redundancia, pues nos volvemos cada vez más realistas (o pesimistas, según se mire) y dejamos para los jóvenes los ideales y retos difíciles de alcanzar.
      El caso de mi historia es lógicamente atípico, con el que he intentado demostrar hasta qué punto una ilusión que se da por pedida puede provocar una reacción de inconformismo hasta llegar a un límite fuera de lo normal.
      Desde luego sus hijos eran buena gente, cumpliendo a rajatabla la última voluntad de su padre, o creyentes, temiendo ser castigados por su progenitor en el más allá en caso de no hacerlo, jaja
      Te agradezco el detalle de haber vuelto a volcar tu comentario.
      Un abrazo y que pases también un buen fin de semana.

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  10. uuufff Josep conozco algunos casos cercanos y mio propio, que muchas veces dejamos pasar el tiempo siempre soñamos con cumplir deseos que luego por no arriesgarnos y miedos no ejecutamos, muy duro tu texto, pero necesario asi nos obligas a detenernos y reflexionar, que debemos arriesgarnos a soñar y ejecutar, buenísimo, un abrazo desde mi brillo del mar

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    1. No hay que dejar para mañana lo que se pueda hacer hoy!!! Cuántas veces, por esperar el momento "oportuno", se pierde la oportunidad de realizar un sueño.
      En esta historia es un inesperado accidente lo que le impide al protagonista llevar a cabo su ilusión, pero no la pierde nunca mientras tiene esperanzas de restablecerse. Pero no tira la toalla, sino que se la pasa a sus descendientes, jeje
      Un abrazo.

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  11. A veces las ilusiones no se pueden cumplir. Quien le diría a ese hombre que sus hijos le iban hacer volar y cumplir su sueño. Yo hice lo mismo con las cenizas de mis padres. Alguna vez dijeron que quisieran ser enterrados y descansar en el pueblo donde nacieron, y sin embargo no los enterramos allí. Pero con el paso del tiempo yo llevé sus cenizas y las arrojé en ese lugar donde ellos soñaron alguna vez con una vida juntos. Un abrazo

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    1. Cumplir los últimos deseos de un padre es algo que, aunque pueda considerarse simbólico -pues o no se enterará o no vendrá a ajustar cuentas- tiene un componente sentimental muy fuerte. Si bien las cosas buenas para con los padres hay que hacerlas en vida, no está de más tener para con ellos una muestra de cariño y respeto a su memoria cuando ya no están con nosotros.
      Si este padre no llegó a saber que sus hijos habían cumplido con su deseo final, al menos los hijos se sentirían complacidos y en paz por haberlo hecho.
      Un abrazo.

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  12. Es raro. A veces tenemos sueños que sabemos que no vamos a cumplir, ya sea por falta de dinero, de tiempo o de valor (generalmente es porque nos falta el valor), y aun así nos gusta coleccionar esos sueños frustrados dentro del corazón como reliquias de lo que pudo ser. Nos consolamos y nos conformamos solo con que esos sueños estén ahí, presentes.

    Más saludos, Josep!

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    1. Pues sí, parece como si nos sintiéramos más humanos haciendo acopio de sueños, aunque sepamos que son irrealizables. Cuanto más soñador sea uno, más humano será. Aunque quizá acabe siendo un humano frustrado, jaja
      Un abrazo, Julio David.

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  13. Hola Josep Mª, mira por donde estaba yo pensando en que volar es un sueño recurrente mio, más despierta jeje. Siempre pensé que era porque desde pequeña "volé" de bancal en bancal (unas cuantas caídas traicioneras que demostraron que entonces era de goma, ahora ya no...)pero si me gustaría volar en globo o en parapente, es algo que está ahí presente, lo haré, la haré... Un relato motivador. Un abrazo grande

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    1. Hola Emerencia, Yo soñaba muchas veces con volar, pero de pequeño y lo hacía estilo crol, jaja, como si nadara. Luego, con el tiempo, ya dejé de soñar con altos vuelos y prefiero andar con los pies en el suelo. En mi caso, supongo que ese sueño recurrente significaba mis ansias de aventura y riesgo, aunque hay quien dice que soñar con volar indica una necesidad de libertad. Vete a saber...
      Ahora, con mi miedo a las alturas, dudo mucho que me suba a un globo ni a nada que me haga sentir desprotegido de una caída. Por eso, para volar uso el avión, jeje
      Muchas gracias por tu lectura y tus comentarios.
      Un abrazo volador.

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  14. Creo que nunca hasta ahora te había leído un micro, Josep, y la verdad es que me ha encantado :) Es una historia preciosa de superación y voluntad, de esperanza e ilusión. Me parece maravilloso que una persona luche por sus sueños hasta las últimas consecuencias. Siempre debería ser así. ¡Muy bueno!

    Un abrazo.

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    1. Alguno he escrito, Julia, pero de eso hace tiempo y pasaron sin pena ni gloria, jeje.
      Es un género harto difícil, pues en tan pocas palabras debes decir -o insinuar- mucho más de lo que parece a simple vista. Este, en concreto, participó en un concurso de mirorrelatos, que no debían sobrepasar las cien palabras, pero no tuvo éxito. Así que, para publicarlo aquí, le di de comer y lo engordé unas cuantas líneas más. Creo que salió ganando en peso y en calidad, aunque perdió el mérito original.
      Efectivamente, es la historia de un sueño irrealizable en vida, como muchos -o algunos- de los que tenemos, sobre todo en nuestra juventud.
      Muchas gracias por tu visita (echaba de menos tus elogios, jajaja) y por tu comentario.
      Un abrazo.

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