sábado, 11 de marzo de 2023

La piedra volcánica

 

Hola, amigos. Este mes, El Tintero de Oro nos invita a participar en el reto “De la escena... ¡al micro!, que consiste en escribir y describir una escena de una película sin sobrepasar las 250 palabras.

Yo he elegido una película de 1959 y que vi de estreno a mis nueve años, y que he vuelto a ver incontables veces, y sigo pensando que es la mejor versión cinematográfica de la novela homónima de Julio Verne. Se trata, cómo no, de Viaje al centro de la tierra, protagonizada por James Mason en el papel del Profesor Lidenbrook.

Podríais pensar que lo que he hecho es una adaptación de una novela y no de una película, pero dadas las diferencias entre la obra original de Julio Verne y la producción para la gran pantalla de Charles Brakett, creo que mi versión escrita cumple con el requisito estipulado en las bases del microrreto. Juzgad por vosotros mismos.



La piedra volcánica


Un buen día le regalé al Profesor Lidenbrook una piedra volcánica. Con ello pretendía ganarme su afecto y afianzar así mi relación con Jenny, su hermosísima sobrina de la que estaba locamente enamorado.

Como muestra de agradecimiento, me invitó a cenar, ocasión que yo aprovecharía para pedirle la mano de Jenny.

Cuando llegué a la cita, el profesor estaba recluido en su laboratorio. Mientras le esperábamos, a Jenny y a mí nos invadió un gran nerviosismo, deseando y temiendo a la vez el preciado momento de la pedida. Yo era un alumno de bajo nivel social, por lo que mis esperanzas de éxito eran más bien escasas.

Pasaban los minutos y el profesor no aparecía. Hasta que una explosión nos alarmó. Apareció con el rostro tiznado y la ropa hecha trizas, pero con una cara de satisfacción como si hubiera descubierto un tesoro.

La elevada temperatura a la que había sometido mi obsequio fue el motivo de la explosión y de que de su interior apareciera una plomada con una inscripción de un tal Arne Saknussem, desaparecido años atrás, que aseguraba haber llegado al centro de la Tierra.

Mientras el profesor afirmaba querer seguir los pasos de su colega, yo intentaba por todos los medios hablar con él.

—Es importante —le dije.

—¿Qué quieres? —preguntó por fin.

—Ir con usted —le espeté.

Entonces oímos un gran estrépito. Jenny se había caído de lo alto de una escalera, a la que se había encaramado para oír disimuladamente mi pedida de mano.