La sequía de ideas tiene varias motivaciones, pero la más frecuente es, a mi juicio, la apatía, bien por problemas con el entorno, o de salud, ya sea física o mental. Yo he experimentado la falta de ideas en más de una ocasión y que por fortuna ha sido, tarde o temprano, reversible. En esta ocasión, sin embargo, se debe a la pérdida reciente de un ser querido, no un ser humano sino un animal de compañía muy querido por mí y fiel hasta el final de sus días. Pero como la vida sigue (título que le di a mi última publicación relacionada con este triste hecho), me he forzado a continuar con mi actividad bloguera. Aun así, la insistente apatía que me embarga, me ha obligado a echar mano de un viejo relato, de octubre de 2014, que obtuvo un escasísimo interés por parte de mis seguidores de aquel entonces, titulado "El dron", y que aquí os presento una vez actualizado y limpio de polvo y paja. Espero que os guste.
Desde que había vuelto
de su viaje a los Estados Unidos, se sentía vigilado. Lo había comentado con
sus amigos pero estos le habían sugerido, entre risas, que visitara a un loquero.
“Pero, ¿quién va a querer espiarte a ti, zopenco?”, le habían dicho en tono
burlón.
Pero él estaba seguro
de que, de un modo u otro, le espiaban y todo por haber asistido a aquel
congreso de física, en Chicago, que le había pagado la Facultad. Y también
estaba seguro que todo se había desencadenado por culpa de su pregunta, la
única que dirigió al panel de expertos:
─Si la cosmología de
branas (1) ha devuelto una cierta credibilidad a la existencia de un universo
oscilante, ¿alguien de ustedes podría decirme cómo conciben la vida en dicho
universo, sobre todo en los momentos finales de un universo en contracción?
¿Creen que los seres vivos serían semejantes a nosotros en el sentido de estar
basados en el carbono o serían radicalmente distintos?
Lanzó esa pregunta sin
saber muy bien por qué. Quizá porque nadie en la sala hizo ningún comentario y
sintió el impulso de intervenir. Acababa de leer un artículo que hablaba de
ello y no pudo reprimirse. Bueno, en realidad, el autor de ese artículo era
quien formulaba, al final del mismo, ese interrogante.
El caso es que la
pregunta no obtuvo respuesta alguna. Nadie, entre los panelistas, quiso
pronunciarse y el moderador de la mesa se vio obligado a decir algo así como:
─Este tema sigue siendo
muy controvertido y nadie parece estar en condiciones de pronunciarse. Sería
muy aventurado dar una opinión al respecto.
Tampoco es que le
importara mucho el tema en cuestión. Había sido una pregunta hecha por simple
curiosidad, para quedar bien, pues todo aquel que dirigía una pregunta a alguno
de los ponentes tenía que identificarse públicamente, ya se sabe: nombre,
cargo, universidad, y a él le encantaba ser el centro de atención, darse a
conocer. Algún día sería un físico famoso, pensaba, y ya era hora de ir
abriéndose camino.
Pero ahora presentía
que aquella pregunta había levantado sospechas. Pero ¿sospechas de qué y de
quién? Si alguien hubiera querido saber su opinión al respecto, lo que le habría
puesto en un terrible aprieto, le podía haber preguntado directamente antes de
abandonar el congreso o escribirle con posterioridad.
¿Qué le hacía pensar
que le espiaban? No sabía muy bien cómo explicarlo, era una sensación extraña,
sentía que alguien o algo le estaba observando en todo momento. Le parecía oír
un zumbido, de día y de noche, allí donde fuera, en casa, en la facultad, en un
restaurante, en fin, en todas partes. “Ve a ver a un otorrino, que eso deben
ser acufenos”, le dijeron sus compañeros, ya algo más preocupados por su salud
física y mental.
Pero él no tenía ningún
problema auditivo ni psicológico y cada vez tenía más claro lo que estaba
ocurriendo: quienquiera que le espiara, quería saber qué le motivó hacer
aquella pregunta y solo podía ser alguien que tuviera la respuesta y no
quisiera que nadie más estuviera en posesión de la verdad y la divulgara. Un
espionaje así, tan sofisticado, solo podía proceder de una agencia gubernamental,
como la CIA, la NSA o el CSS, o incluso del MI16 británico.
Temeroso de sufrir un
atentado, acabó enclaustrándose en su piso del que no salía ni para hacer la
compra, dependiendo para ello de la portera de la finca, pues incluso había
despedido a la mujer de la limpieza para evitar cualquier intruso que pudiera
ser comprado por el enemigo. Todos sus conocidos, viendo la vida de clausura
que llevaba, con puertas y ventanas cerradas a cal y canto, acabaron pensando
que se había vuelto loco.
Pero era tanto el polvo
que envolvía y reposaba sobre mobiliario, cortinas, alfombras y todos los
objetos de la casa, especialmente los miles de libros amontonados aquí y allá,
haciendo totalmente irrespirable el ambiente, ya habitualmente viciado por el
humo de los cigarrillos que no paraba de consumir compulsivamente, que
finalmente decidió abrir una ventana que daba a la calle para permitir que el
aire fresco bañara por unos instantes el reducido cubículo que era su hogar,
sin dejar de otear todo el horizonte a su alrededor en busca de cualquier
indicio de espionaje o de un francotirador.
Cuando ya creyó que
todo estaba en orden y se disponía a cerrar la ventana, algo, que le pareció un
insecto de un tamaño considerable, se estrelló contra su frente, produciéndole
una picadura semejante a la del mosquito tigre. Por mucho que intentó darle
caza, aquel bicho repugnante se dio a la fuga, marchándose por donde había
venido, por la ventana que todavía permanecía entreabierta. Al instante, se
sintió mareado, su cuerpo se desplomó sobre la sucia alfombra y en cuestión de
segundos perdió todo signo vital. Lo último que vio fue el mismo insecto, o
quizá fuera otro igual, revoloteando sobre su cabeza.
Cuando el juez permitió
el levantamiento del cadáver, mientras algunos agentes de la policía científica
inspeccionaban el apartamento en busca de alguna prueba que pudiera arrojar luz
a ese extraño caso de muerte producida a puerta cerrada, desde el exterior,
tras los cristales de la ventana, un artilugio del tamaño de un mosquito
grababa toda la escena, tras lo cual partió volando hacia un rumbo desconocido.
(1)La
teoría de branas es una extensión de la teoría de las cuerdas que propone que
nuestro universo observable es una estructura tridimensional flotando dentro de
un espacio de dimensiones superiores. Así pues, la cosmología de branas explora
cómo el universo interactúa con esas dimensiones extra y está relacionada con
el origen del universo.







