Hoy es el día de los fieles difuntos y hace cuarenta y ocho horas se celebraba esa fiesta importada, conocida como Halloween, y que muchos desconocen su verdadero significado y origen, en la que los muertos deambulan por las calles para espantar, en su ingenuidad, a los niños y no tan niños.
Pues bien, siguiendo mi tónica de pasotismo creativo, me he
permitido revivir, o resucitar, como se quiera llamar, un relato de hace más de
una década, que dormía el sueño de los justos.
Pero esta vez me he empleado más a fondo que en anteriores
ocasiones para que el resucitado estuviera más presentable que nunca y he fusionado
los dos episodios que componían el relato original en uno, más corto y ligero.
Espero que esta especie de Lázaro resucitado os guste.
Tras la cristalera que
da al jardín, James Joseph Stewart reflexiona sobre su vida. Piensa si su
decisión había sido la acertada. A sus cuarenta años todavía se considera joven
para lo que hace.
James es alto, rubio, delgado pero atlético. Son sus
ojos, de un azul intenso y su mirada, enigmática y penetrante, lo que siempre ha
hecho suspirar a las mujeres. A pesar de ello, su vida amorosa ha sido prácticamente
nula. Siempre ha sido un hombre solitario y de trato difícil. Pero todo eso
hace ya algún tiempo que había llegado a su fin.
De niño, le gustaba
vivir a su aire, sin imposiciones, sin controles, sin ataduras. Era un niño
abierto y comunicativo hasta que su padre le enviara, con solo diez años, a ese
horrible internado. Su carácter jovial sufrió un cambio radical. El aislamiento
y la dura disciplina a los que tuvo que someterse durante aquella larga
reclusión, le convirtió en un adolescente huraño. Las medidas represivas y los
correctivos que había tenido que soportar en aquella institución, más propia de
la época victoriana que de finales del siglo XX, le volvieron intratable y
agresivo.
Durante su paso por la
Universidad, estuvo a punto de abandonarlo todo, vivir al margen de
convencionalismos y lanzarse a la aventura. Pero, sin medios económicos, no podía
ni tenía el valor suficiente para hacerlo. Así pues, tuvo que acabar sus
estudios de Económicas en Oxford, siguiendo la tradición familiar, para poder independizarse
y tomar las riendas de su vida.
En contra de los
intereses de su padre, que pretendía que se quedara a su lado, en la empresa
familiar, se marchó a Londres y, gracias a su brillante expediente académico,
entró a trabajar en el Lloyds Bank donde hizo una fulgurante carrera, llegando,
en solo cinco años, a ocupar el cargo de director de cuentas, posteriormente el
de director financiero y antes de cumplir los cuarenta años de edad ya era
director general de la entidad bancaria. Muchos, incluido él, le veían
ostentando, en pocos años más, el cargo de presidente.
Su éxito profesional,
sin embargo, no estuvo exento de conflictos de los que siempre acabó saliendo
airoso. Pero ello le significó un gran desgaste emocional, convirtiéndolo en un
ser odiado e incomprendido incluso por sus colaboradores más cercanos.
Al poco tiempo de
ocupar su cargo de director general, se sintió hastiado de esa profesión a la
que había acabado entregando su vida. Él, que siempre había querido ser un alma
libre, sin ataduras ni convencionalismos, sintió, de repente, una necesidad
imperiosa de dar un vuelco a su aburrida existencia, cambiándola por otra
totalmente distinta, no exenta de riesgos pero que le resultara apasionante.
Fue en esa etapa de
incertidumbre cuando se le presentó una oportunidad con la que nunca había
soñado. Conoció a gente muy poderosa e influyente, tanto en el mundo de las
altas finanzas como de la política. Varios fueron los que le tentaron para que
entrara en política, pues tenía todas las dotes necesarias para ello. Pero solo
una de entre las muchas propuestas que recibió le convenció para dar el gran
salto. Haría un gran servicio al país y en pleno anonimato, como a él le
gustaba, y con carta blanca para actuar con total impunidad. Eso le tentó
sobremanera. Y JJS, como desde ahora se le conocería, había acabado aceptando.
De eso hacía ya dos meses,
lo que duró su entrenamiento, y en breve llevaría a cabo su primera misión.
Estaba nervioso. Esperaba estar a la altura. Nunca se hubiera imaginado que
llegaría a trabajar en el MI6, al servicio de su graciosa Majestad.
James se estrenó como
agente secreto en un caso que quizá no era de los más difíciles, pero sí de los
más comprometidos, considerando la trascendencia nacional e internacional que
tendría no lograr el objetivo marcado. Afortunadamente todo acabó bien,
resolviéndose el caso sin demasiadas víctimas.
Lo que James sacó de
positivo de aquel primer caso no fue el reconocimiento de sus superiores sino
algo mucho más mundano y frívolo, pero, a la vez, más emotivo: conocer a
Margaret, una pelirroja que hizo vibrar sus entrañas por primera vez en su
insulsa vida. Margaret debía actuar de cebo para cazar al jefe de un comando terrorista
como primer paso para desmantelar a ese grupúsculo que planeaba perpetrar el
Regicidio.
Por cierto, se me
olvidaba decir que ese primer caso en el que participó JJS consistió, ni más ni
menos, en frustrar un atentado contra Su Majestad la Reina.
James conoció a
Margaret ─de la que se enamoró al instante─ durante la primera reunión de
planificación del operativo en el que ambos debían participar. Su papel
estribaba en actuar como refuerzo. Debía, simple y llanamente, proteger la
integridad física de la chica, ser su escudo protector e informar, en todo
momento, de los progresos que ésta haría en sus contactos con el jefe
terrorista, intentando seducirle para introducirse en la banda.
Como he dicho antes, el
asunto tuvo un final feliz, aunque con mucho tiroteo de por medio y sangre a
raudales. JJS abatió, él solo, a cinco de los terroristas. Pero para él lo más
importante fue salvarle la vida a su amada, gracias a su pericia con la
pistola. Como consecuencia de ese acto heroico, la joven vio en James, no solo
a su salvador, sino también al hombre de su vida. Desde entonces, para
Margaret, todo él rezumaba perfección.
Entre ambos surgió un
amor apasionado que hizo que no pudieran vivir el uno sin el otro. Como la
Organización no permitía las relaciones sentimentales entre sus agentes, se
vieron obligados a ocultar el amor que se profesaban. Pero aquello no era vida.
Encuentros fugaces, intempestivos y en lugares recónditos. Incluso evitaban
mirarse más de lo indispensable durante las reuniones de trabajo para que sus
semblantes no les delataran.
Al cabo de dos largos
años de vivir en una clandestinidad amorosa insostenible, las sospechas por
parte de sus compañeros de que había entre ellos algo más que un simple compañerismo,
se vieron confirmadas al ser descubiertos en uno de sus encuentros furtivos.
Este hecho les valió una seria reprimenda por parte de su superior y un
ultimátum: o desistían de esa relación prohibida o uno de los dos debía
abandonar el MI6.
Como no podían vivir separados
y no era justo que uno de ellos se sacrificara por el otro, decidieron
abandonar la Organización los dos a la vez.
─¿De qué vamos a vivir
ahora? ─se preguntó Margaret.
─Pues de lo que mejor
sabemos hacer ─le contestó James sin inmutarse.
─¿Qué quieres decir? ─le
preguntó ella, intrigada
─Tú déjame a mí. Ya me
imaginaba que tarde o temprano nos sucedería esto. Llevo algún tiempo dándole
vueltas al asunto y he hecho algunos contactos que, si todo sale bien, nos
sacarán del apuro y nos harán ganar incluso más dinero. Y, además, seguiremos
corriendo aventuras en el más absoluto anonimato.
Dicho y hecho. Al cabo
de unas semanas, Marga (como así la conocen ahora) y James, empezaron una nueva
vida repleta de emociones y de dinero. Trabajan siempre en pareja. Son
inseparables y muy eficientes. Sus actuales colegas les llaman “Bonnie and
Clyde”. Ellos se lo toman a broma, pero les satisface la comparación, aunque
esperan no acabar como ellos.
James, ex JJS, está
viviendo la mejor etapa de su vida; sin duda una vida loca. ¡Qué lejos quedan
aquellos años en el Banco!
Así pues, su decisión
fue la correcta. ¿Qué más puedo desear? ─se dice. Y tras un lago suspiro,
abandona su reflexión tras la cristalera que da al jardín y va en busca de Margaret para planificar su próximo encargo.







