martes, 26 de julio de 2022

El becario

 


A Manuel parece que la suerte por fin le ha sonreído. Cuán lejos queda aquella época en la que, recién licenciado, buscaba desesperadamente un trabajo. No había forma de que alguien le contratara a pesar del magnífico expediente académico. Había enviado su CV a decenas de empresas, pero muy pocas habían contestado dándole las gracias y muchas menos citándole para una entrevista. Y todo para nada.

El problema residía, cómo no, en la falta de experiencia. Con veinticuatro años, ¿qué experiencia podía ofrecer a sus potenciales empleadores? Cuando creía que la entrevista de trabajo había sido un éxito, el entrevistador siempre acababa diciéndole que era un joven muy prometedor, pero que necesitaban a alguien con experiencia. Entonces, ¿por qué le habían citado? Con ello solo conseguían hacerle perder el tiempo y desmoralizarle todavía más.

Ante esa situación desesperante, decidió finalmente aceptar un puesto muy mal remunerado, pero, según le dijeron, con muchas posibilidades de promoción si se ceñía a lo que se esperaba de él. Se trataba de una empresa de transportes y el puesto de becario. Le ofrecieron 600 euros mensuales por cuarenta horas semanales y, probablemente, alguna que otra hora extra no remunerada.

Siendo hijo único y sin apenas amigos, su madre era su gran apoyo y mejor confidente, por lo que le pidió consejo.

—Mira, hijo, de algún modo se empieza. Ahí tienes a tu padre, que empezó de mozo de almacén y acabó siendo director de...

—De logística, mamá.

—Eso. Pues quién te dice a ti que no acabarás siendo el director general de esa Empresa.

—No seas exagerada, mamá. Pero lo que más me indigna es que, habiéndome licenciado en Económicas tenga que trabajar de administrativo en el departamento de facturación y...

—Pues eso suena bien. Departamento de facturación. Ya te digo que...

—No me has dejado terminar. ¡Archivando facturas!

—Pues paciencia, hijo. Ya verás como, a la larga, te servirá de mucho.

—Eso espero, mamá, pero si veo que me están explorando por un trabajo de mierda, me largo.

—Manuel, no hables así. Si te oyera tu padre, que en paz descanse...

Y así, Manuel, empezó a trabajar un glorioso 18 de julio en Gutiérrez e hijos, que poseía una flota de más de cincuenta camiones que transportaban todo tipo de mercancías.

Estrenarme laboralmente un día que recuerda una sublevación militar no creo que sea un buen augurio, se dijo Manuel al entrar por la puerta del que sería su minúsculo despacho que, además, tendría que compartir con un viejo amargado —como comprobaría al poco de tratarlo— que llevaba tantos años en la Empresa como su fundador.

—El señor Olmos será tu formador, de él aprenderás todo lo que debes saber. Y si eres aplicado, muy pronto podrás ascender a un puesto mejor, en todos los sentidos —le dijo, con una sonrisa forzada, el jefe de personal, un hombre enjuto con cara de pocos amigos.

 

Transcurridos seis meses, los conocimientos de Manuel solo le sirvieron para comprobar que la Empresa emitía facturas falsas y que probablemente blanqueaba dinero del narcotráfico. Sus camiones no solo transportaban muebles y enseres de todo tipo, también llevaban, escondidos en el fondo de la caja del remolque, una gran cantidad de paquetes que distribuían por toda la geografía española y cuya identidad no aparecía en ningún documento que pasaba por sus manos. Era evidente que se trataba de algo ilegal, pero no tenía constancia de lo que contenían esos bultos. Hasta que un día que tuvo que quedarse más tarde de lo habitual cazó al vuelo una conversación entre el chofer de uno de los camiones y el señor Olmos que, por lo visto, supervisaba la operación de estibado.

Había salido a fumar en el patio contiguo al muelle de carga y allí obtuvo la respuesta a sus sospechas.

—Espero que esta vez nadie se chive y la Guardia Civil no me vuelva a revisar el cargamento. No quiero que me enchironen por vuestra culpa, porque detrás de mí iríais todos vosotros —dijo el camionero, enojado.

—Pero no ocurrió nada, ¿verdad? —argumentó Olmos—. Todo formaba parte del montaje. Los picoletos tienen que justificar su trabajo. Y todos contentos.

—Bueno, mientras los sigáis untando bien...

—No te preocupes, todo está controlado.

Cuando Manuel llegó a casa, su madre le notó tan agitado que creyó que lo habían despedido. A pesar de su negativa inicial a revelarle lo que había descubierto, la mujer era tan persuasiva que Manuel acabó contándoselo todo.

—¿Qué puedo hacer, mamá? —le preguntó angustiado.

—¿Sabes que haría tu padre en tu lugar?

Manuel se encogió de hombros, sin saber qué responder.

—Pues yo te lo diré: intentaría reunir pruebas suficientes para denunciarlos y no le temblaría el pulso.

—Papá tenía muchos arrestos, pero yo...

—Tú igual, hijo. Solo tienes que proponértelo. Si eres concienzudo y cauteloso, estoy segura de que lo conseguirás. Además, de todo esto puedes salir ganando.

—¿Ganando?, ¿cómo?

—Pues, bien fácil. Cuando todo salga a la luz y se sepa que has sido tú quien ha levantado la liebre y no te ha temblado el pulso a la hora de denunciar a esos delincuentes, te lloverán ofertas de trabajo. Las Empresas como Dios manda quieren empleados rectos y meticulosos.

—Y fieles —añadió Manuel, dubitativo.

 

El joven becario pasó varias noches en vela imaginándose el desarrollo de los acontecimientos si seguía el consejo de su madre, que siempre había sido un ejemplo de moralidad. Pero después de meditarlo bien, ideó un plan alternativo.

Han pasado tres meses desde que, tras reunir el valor suficiente, fue a hablar con el jefe de personal —el dueño siempre estaba muy ocupado o de viaje— para contarle lo que había descubierto y lo que tenía pensado hacer. Por fin se sentía con arrestos suficientes. Como su padre.

Ahora ocupa el puesto de director de logística, también como su padre, y el dueño del negocio le ha prometido que, si sigue así, muy pronto le nombrará director financiero, mucho más acorde con su formación.

Manuel no sabría decir si su progenitor estaría orgulloso de él. Su madre no, desde luego. Lo ha echado de casa y ahora vive solo en un piso de más de seiscientos mil euros. Y todavía es muy joven, por lo que no pierde la esperanza de llegar mucho más arriba en el negocio.

La única persona de la que tiene que protegerse es de Olmos, que no soporta que un niñato como él haya podido pasarle por encima y llegar a ocupar el cargo al que siempre había aspirado y creía merecer después de tantos años de entrega.

Su madre tuvo razón cuando le dijo que algún día le lloverían ofertas de trabajo, pero él está muy bien donde está y no quiere cambiar de Empresa, pues prevé en esta un futuro muy prometedor. Y quién sabe si su querida madre también tendrá razón en lo de que acabará siendo director general.

 

27 comentarios:

  1. Y así se forja lo que viene siendo un correptelero de hoy en día, je, je, je. Al final Manuel era como su padre, pero desde cierto punto de vista, y también como su madre, pues podría haberle soltado una mentirijilla para que esta no se mosquera, pero se ve que aún queda algo de bondad en el "bueno" de Manuel.
    Muy buen relato, Josep, desde esa primera frase quedas enganchado por saber en qué se basa esa suerte, una suerte buscada también.
    Un abrazo!

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    1. Pues sí, Pepe, las ganas de ascender rápida y fácilmente en el mundo laboral hace que más de uno se devíe del camino recto que tenía trazado mentalmente a priori.
      Muchas gracias, amigo, por tu lectura y posterior comentario.
      Un fuerte abrazo y hasta septiembre.

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  2. Qué bueno que desde el relato literario se pueda hacer crítica de lo que sucede en el mundo laboral y de los abusos de poder que se vienen produciendo. Se acaba de hacer viral una conversación entre un empleador y un aspirante a camarero que alucinaba al enterarse de que le ofrecían 800 euros por 15 horas de trabajo, turno partido y librando los lunes je, je. Es por eso que al final creo que siento empatía por el protagonista del relato. Un relato ambientado en esas relaciones laborales que dan tanto juego y con la que tanto disfrutamos los cinéfilos en la lograda 'El buen patrón'.
    Un fuerte abrazo, Josep.

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    1. Hola, Miguel. Lo que se cuece en algunas empresas daría para muchas novelas de intriga, je,je.
      La impotencia ante la perversidad de un sistema que no facilita (más bien impide) la entrada de los jóvenes en el mundo laboral, puede provocar que estos opten por otros derroteros mucho menos aconsejables, pero mucho mejor retribuídos.
      Muchas gracias por leerme.
      Un fuerte abrazo.

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  3. Un cuento muy real. Puede que no sea moral, pero real a tope. Vale más un buen chantaje que una honrada denuncia. Valiente la madre animándole a denunciar. Creo que yo le hubiera aconsejado callar y disimular lo que sabía. El miedo a lo que pueda pasar hace cobardes a las madres.
    Un relato magnífico por el que te felicito.
    Un beso.

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    2. Otra vez se me ha escapado el comentario sin apenas haberlo empezado. grrrr.
      El caso es que no sé si podría decirse aquello de que quien a buen árbol se arrima... o bien dime con quién vas, je,je.
      La historia no tiene un final muy edificante, desde luego, pero, como bien dices, refleja en parte una realidad, por triste que sea.
      Un beso.

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    3. Y encima el sistema no me identifica y me considera un comnetarista anónimo. Definitivamente, hoy no es mi día, así que a otra cosa mariposa.

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  4. Saludos, Josep.
    El género humano es como es, y el mundo, desgraciadamente, es el fiel reflejo de quienes habitan en él. La cuestión está en decidir si vivir tranquilo mirando para otro lado cuando lo que vemos va en contra de nuestros principios o vivir inquieto y con el corazón en un puño denunciando en todo momento aquello que vemos y que sabemos que no está bien. Si la justicia fuese justa, que no lo es, la decisión estaría más que clara. Pero cuando ves que la justicia no funciona como debería, y que los malos no siempre pagan por sus actos, ¿realmente merece la pena joderse la vida por algo de lo que no somos responsables? Difícil cuestión.
    Tu relato, por cierto, "real como la vida misma".
    Un abrazo, Josep.

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    1. Saludos, Pedro.
      Muy buena reflexión la tuya, sí señor. De eso se trata. Y muchos son los que se aplican el refrán que dice: "si no puedes con tu enemigo, únete a él". Y efectivamente, es real como la vida misma, je,je.
      Un abrazo.

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  5. Hola José , un relato con mucha miga por un momento , pensé que se lo cargaban , pero tenía a su madre que era la que sabía lo que su hijo le había contado , te deseo un feliz Domingo y mejor semana , besos de flor .Te deseo un buen verano .

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    1. Muchas gracias, Flor, por tu visita. Las madres siempre quieren lo mejor para sus hijos, pero estos no siempre siguen sus consejos, je, je

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  6. Voy a leer el relato de la entrada anterior ahora vuelvo ,🤗🥰 besos de flor

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  7. Ha aceptado esa subida a cambio de no poner la denuncia supongo, pero y si se descubre algún día esa trama, no le salpicará a él. Un abrazo.

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    1. Ya lo dice el refrán: por el interés te quiero, Andrés. Ese becario prefirió unirse al enemigo por intereses económicos.
      Un abrazo, Mamen.

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  8. Muy buen relato, da mucho que pensar, además tiene un final inesperado. Muy bueno.
    SAludos.

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    1. Muchas gracias, Manuela. Me alegro que te haya gustado.
      Un saludo.

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  9. Uno más que se desvía, a saber hasta dónde llegará
    Excelente relato, Josep
    Un abrazo

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    1. Muchas gracias, Mujer de Negro, por tu comentario. Me alegra que te haya gustado este relato.
      Un abrazo.

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  10. Hola, Josep. Manuel eligió la vía "fácil", poner contra las cuerdas al jefe de personal yéndole con la cantinela. Lo que su madre le aconsejaba requería trabajo como obtener pruebas y también Dios sabe cuántos tormentos.

    Pero voy a otra cosa, verás: esta mañana he escuchado en la radio a Luis García Montero, viudo de Almudena Grandes. Decía que según van pasando los años la vida rima con nosotros mismos. Lo ha explicado maravillosamente. Y justo eso me ha pasado a mí en tu post al llegar a: —"¿Qué puedo hacer, mamá? —le preguntó angustiado.—¿Sabes que haría tu padre en tu lugar?".
    Al leer esto he sentido que la vida rimaba conmigo en este momento, porque esa pregunta me saca de dudas en ocasiones.

    Genial relato, amigo.
    Un abrazo fuerte.

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  11. Los arrestos fueron diferentes a los de su padre y al final el tramo para la subida más corto, con lo cual a él le sirvió de mucho aunque no fuera el más legal, :))).
    Un relato estupendo, y que se ajusta por lo que se oye, a la realidad. Toda empresa pide experiencia, y de ese modo es difícil que cualquier joven salido de la universidad consiga un trabajo que tenga que ver con su carrera.
    Después de este verano tan caluroso, espero que estés bien Josep.
    Un gran abrazo.

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    1. Hola, Elda. El chico de mi historia no siguió el consejo materno porque le dominó el afán de prosperar aunque fuera en contra de los principios que le inculcaron sus padres, sobre todo olvidando el ejemplo paterno, y a pesar de tratarse de negocios turbios. Ya se sabe que, por desgracia, muchas veces ganan los que se saltan las normas, mientras que los que se rigen por principios morales quedan atrás y son relegados a puestos de menor responsabilidad.
      Y respecto a la experiencia que muchas empresas exigen a quienes buscan su primer lugar de trabajo, es una forma de coartar el futuro a quienes, aun habiéndose formado debidamente, no se les da una oportunidad de aprender y demostrar su valía y potencial. Y en los casos en que sí aceptan a jovenes sin experiencia es a cambio de pagarles una miseria.
      He pasado un verano relativamnete bueno, pero mejor me encontraré cuando se alejen los calores, je,je.
      Un fuerte abrazo.

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  12. Yo entraría a conversar con la mamá, pues pone al padre de Manuel como un ejemplo de virtud y quizás solo sea para que el hijo tenga un modelo cercano a quien seguir y de quien inspirarse (¿es malo eso?). Quién sabe lo que oculta esa señora y la de cosas que el hombre se llevó a la tumba... También está en mí esto de no creer que existen los santos entre los hombres.
    Va un abrazo, Josep.

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    1. Hola, Julio David. Seguramente la imagen paterna, sobre todo cuando el progenitor ya no está, suele magnificarse ante los hijos a fin de conducirlos por el "buen camino". Si ello resulta favorable pues bien está, pero no quiere decir que esa referencia no esté llena de mentiras.
      En esta historia, el joven tiró por el camino de enmedio, como decimos acá, el más práctico y rápido, sin que ello signifique que sea el mejor.
      Un abrazo.

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  13. Hola Josep! Una entrada genial como nos tienes acostumbrados, el final no me lo esperaba, pero ya se sabe, el dinero es muy tentador y los escrúpulos se esfuman.

    Un abrazo.

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    1. Hola, Conchi! Ya lo dijo Quevedo: Poderoro caballero es don dinero, je, je.
      Muchas gracias por venir a leerme y dejar tu amable comentario.
      Un abrazo.

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