lunes, 26 de septiembre de 2022

La cortina

 


Esta mañana, cuando he despertado, la cortina seguía ahí, como el dinosaurio de Monterroso.

Cuando volví en mí el primer día, solo recordaba haber bebido en exceso, que una voz grave me lo recriminaba y que me llevaban en volandas antes de perder por completo la consciencia.

Cuando me vi en este cuartucho, con una resaca de aúpa, hallé a mi lado una nota manuscrita conminándome a que no descorriera bajo ningún concepto la vieja cortina que tenía frente a mí.

«Si descorres la cortina, ya sabes lo que te espera». Eso es todo lo que decía la nota.  

Yo, que soy por naturaleza muy curioso, debo reconocer que abstenerme de fisgonear me tiene perjudicado. Es como una tortura psicológica. Pero, aunque es cierto que me muero de ganas por ver qué hay al otro lado de ese andrajoso cortinaje, no me arriesgaré a ser castigado solo para satisfacer mi curiosidad.

La última vez que entró uno de mis carceleros para traerme mi escuálida ración de comida, le pregunté qué era eso que guardaban con tanto celo ahí detrás que no querían que viera. Por toda respuesta, recibí un tremendo empujón que me lanzó contra el camastro, cayendo sobre él como si fuera un muñeco de trapo.

Hoy es mi tercer día de encierro y ya empiezo a creer que estoy perdiendo la razón. De vez en cuando me parece oír un rumor, pero no sé de dónde procede.

Ya sé que pretenden poner a prueba mi obediencia, pero esto ya se ha convertido en un juego ridículo. Lo malo es que empiezo a sucumbir a la tentación. Ya no puedo esperar más tiempo a desvelar el secreto que se oculta frente a mí. Hoy, después de cenar lo haré. Solo será un breve instante, el justo para apartar el cortinaje y ver qué esconde. ¿Se darán cuenta de mi infracción? Espero poder engañarlos, que se cansen y me liberen pronto.

 

Ha llegado el momento de la verdad. Me levanto del camastro y me acerco a la cortina. Mis manos tiemblan. Cuento hasta tres: Uno, dos, ¡tres!

Lo que veo me deja perplejo. ¿Qué significa esto? Veo mi imagen reflejada en un espejo de cuerpo entero. Dejo la cortina descorrida y me siento en el borde del camastro, pensativo. Y de repente suena una sonrisa que rezuma sarcasmo y que hace que me levante de un salto. ¿Quién es?, pregunto. Y entonces aparece desde detrás del espejo.

—No has superado la prueba, como imaginaba.

—Pero ¿por qué todo este ridículo montaje? —le increpo, mientras él sigue sonriendo malévolamente. Es mi querido y a la vez temido superior.

—Pero ¿acaso no lo recuerdas? ¿Tanto te afectó el vino que te bebiste a escondidas hace cuatro noches? Te encontramos tendido en el suelo del refectorio, completamente beodo. Cuando te amenacé con la expulsión inmediata por haber quebrantado las normas, me rogaste que te perdonara y te jugaste tu permanencia entre nosotros si no eras capaz de resistir cualquier sacrificio que te impusiera. Conociendo tu contumaz rebeldía, decidí poner a prueba tu obediencia. Y ya ves que no la has superado. Ha podido más tu indecorosa curiosidad. Ahora debes abandonar esta comunidad, pues no eres merecedor de formar parte de ella. La obediencia es el voto más preciado en nuestra Orden.

—Pero, Padre, apiádese de mí, no sé cómo pudo ocurrir tal cosa. Cuando desperté aquí, sin explicación alguna, no sabía dónde estaba ni por qué. El alcohol debió mermar mi raciocinio y mi memoria. No recuerdo haberme jugado nada y...

—La nota que encontraste lo dejaba muy claro. No tienes excusa. El mérito de nuestra conducta es que cumplimos las reglas sin rechistar y sin que nos sintamos obligados. La disciplina se lleva en el interior.

—Lo siento, Padre. Yo...

—Yo también lo siento, pero debes marcharte.

 

Han pasado cinco años desde aquel estrambótico suceso y ya no me duele mi expulsión. Al contrario. Por fin me siento libre y feliz. Doy clases de latín en un instituto de enseñanza media. Vivo muy modestamente, supongo que es la costumbre que adquirí en aquel Convento de clausura. Tengo muy pocas pertenencias, pero poseo lo indispensable para mis escasas necesidades. Hay pocos muebles, pero estoy rodeado de libros. Lo único que no he querido instalar son cortinas. Cuando veo una cortina siento una gran ansiedad. Y cuando me miro en el espejo del baño al asearme, junto con mi cara reflejada, a veces veo, como si quisiera recordarme mi pasado, la del reverendo abad que me salvó de vivir enclaustrado el resto de mi vida. Ya lo dice el refrán: No hay mal que por bien no venga. Y en este caso, además, la curiosidad no mató al gato, sino que lo liberó.

 

22 comentarios:

  1. Hay veces en que el miedo nos hace aferrarnos a cosas que nos esclavizan o, al menos, merman mucho nuestra libertad. Cuánto mejor está este hombre como profesor, viviendo en su pisito rodeado de libros y sin tener que dar cuentas a nadie de lo que hace y por qué lo hace. Un relato muy bueno.
    Un beso.

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    1. Por extraño que parezca, hay quienes tienen miedo a la liberación. Son los que piensan que más vale loco conocido que cuerdo por conocer.
      Ese acto de rebeldía le premió con la liberatad de pensamiento y de movimientos.
      A veces se nos presentan pruebas que a priori parecen difíciles de superar, pero hay que ser valientes y tirar palante, je, je.
      Un beso.

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  2. Aquesta vegada li va sortir bé !...podia haver sigut molt pitjor ejjejeje , però en va treure una bona ensenyança !. M'agrada ;)
    Salut !!

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    1. Es va arriscar, però sí, li va sortir bé. Ara li toca gaudir de la merescuda llibertat.
      Salut!!

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  3. Tu relato es interesante de analizar. Alguien que no se quiere enfrentar a sí mismo..., un desobediente que expulsan de una orden como la expulsión del Edén... Y dos citas por una. ¡Genial!
    SAludos.

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    1. Puede parecer un relato un tanto surrealista, pero encierra, creo yo, dos enseñanzas: la primera, que hay que saber controlar los impulsos y meditar antes de tomar una decisión, y la segunda que no hay que temer desafiar las imposiciones. Si alguien acepta cumplir unas reglas estrictas, pero luego no se ve capaz de seguir cumpliendo con ellas, lo mejor es abandonar y seguir su propio camino ain temer a las represalias.
      Un saludo.

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  4. Muy bueno y original relato.
    Por las citas he pensado que estabas con el reto de El Tintero de Oro, pero veo que no.
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias, Chema. Bueno, el reto de El Tintero de Oro exigía emplear citas de escritores y estas creo que son más bien propias de la sabiduría popular, je, je.
      Un abrazo.

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  5. En esta ocasión la cortina me parece un inteligente doble recurso que a su vez intriga tanto al lector como al propio protagonista del encierro. Las cortinas, por cierto, han dado mucho juego en el cine: Psicosis, Cortina rasgada, etc.

    Un fuerte abrazo, Josep.

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    1. La cortina (al menos mi cortina) puede representar muchas cosas y, ciertamente, este elemento ha tenido muchos usos y significados tanto en la literatura como en el cine.
      Un fuerte abrazo, Miguel.

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  6. Que buen final con los refranes, jajaja. Me ha encantado esta historia, me parece de lo más original.
    ¿Quién se podría resistir a mirar detrás de la cortina?. Yo no sé si me atrevería, más que nada por el miedo que me produciría.
    Muy interesante ha estado el relato Josep, con ese suspense que se produce durante la lectura. Me ha encantado.
    Un abrazo.

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    1. Todos tenemos algo de curiosos, unos más que otros, pero ante una advertencia de ese calibre es demasiado arriesgado saltarse la prohibición, je, je. Por fortuna, el supuesto castigo al final resultó ser un premio para el protagonista, pues no estaba preparado para una vida tan frugal y ascética como la que le habían impuesto.
      Un fuerte abrazo, Elda.

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  7. Qué bueno, Josep, lo de la cortina es un recurso inmenso para atrapar al lector. Estaba esperando en todo momento que desvelara qué había al otro lado. Luego, cuando se supo coincidí.con tu protagonista: por fin era libre. Y es que eso me ha parecido; la alegoría de algo que nos mantiene agarrados aunque en el fondo no sea tan importante.
    Me encantó esa dualidad; el inicio tan surrealista junto con la realidad del final
    Un abrazo!

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    1. Veo que tú también eres curioso, ja, ja, ja. Todos, en mayor o menor grado, queremos saber qué hay detrás de lo oculto, lo que no se dice o se dice a medias, desentrañar, en definitiva, los misterios que nos rodean. Y eso es bueno, especialmente si ello nos hace más libres y seguros de nosotros mismos. Todo este relato es, efectivamente, una alegoría.
      Un abrazo, Pepe.

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  8. ¡Hola, Josep! Jo, no se me ocurre peor tortura que estar encerrado en una celda y tener todo el santo día esa cortina frente a tus narices y una nota como esa. Creo que yo no hubiera aguantado ni cero coma, ja, ja, ja... De hecho, esa expulsión es lo mejor que le pudo pasar al personaje, parafraseando a Groucho Jamás pertenecería a una orden que no me dejara incumplir las normas. Estupendo relato!! Un abrazo

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    1. Hola, David. Pues sí, es, en cierto, modo, una tortura psicológica, especialmente para quien es curioso por naturaleza, je, je.
      Genial, Groucho.
      Muchas gracias, compañero, por tu comentario.
      Un abrazo.

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  9. Las normas están para incumplirlas, y cuanto más se prohíbe más se incentiva la desobediencia.
    Tu personaje se liberó sin querer de un modo de vida que no le correspondía por ser un poco desobediente y curiosón.
    Muy original tu relato, compañero.
    Un abrazo.

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    1. Cierto, si una norma te priva de libertad, al carajo con ella, je, je. Y muy cierto es que cuanto más se prohíbe algo, más atractivo se hace.
      Su desmedida curiosidad le liberó de una esclavitud de por vida.
      Un abrazo.

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  10. Me ha enganchado desde el principio la curiosidad, yo creo que también hubiese caído en la tentación la de descorrerla. Muy buen relato Josep.

    Un abrazo.

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    1. Me alegra que te haya enganchado. Y es que la curiosida tiene esto, que engancha al curioso, je, je.
      Muchas gracias, Conchi, por tu comentario.
      Un abrazo.

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  11. Hola Josep , vengo tarde lo sé , pero siempre vengo , es como el hijo que siempre vuelve por navidad , un relato muy bueno me a gustado por un momento pensé que estaba en un zulo secuestrado .
    Al final acabó siendo otra cosa que no monje de clausura.
    Te deseo una feliz mañana , besos de flor.

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    1. Hola, anónima Flor, je, je,
      Y también vuelves como las golondrinas por primavera.
      En cierto modo, mi protagonista se sentía como si estuviera retenido contra su voluntad.
      Un abrazo.

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