Esther no podía evitar
mirarse al espejo, a todas horas, mañana, tarde y noche. De una extraordinaria
belleza, siempre había sido una mujer coqueta y vanidosa. David, su padre, la
reprendía por ello severamente, pues tal comportamiento no era propio de su
comunidad. Ya de chiquilla, Sara, su madre, la tenía que regañar por pasarse
horas enteras ante el espejo de su habitación, uno de esos de cuerpo entero.
Sólo faltaba que le preguntaran quién era la niña más bella del mundo.
Pero de pronto, parecía
como si todos se hubieran confabulado contra ella para que no pudiera seguir
admirando su hermosura que, a pesar de su edad, mantenía todavía a muchos
hombres hechizados.
Primero fueron esos lienzos
que cubrían todos los espejos de la casa, luego la desaparición de su
guardarropa y ahora esto. No podía entender lo que ocurría, nadie le contestaba
por mucho que les preguntara, la ignoraban por completo, pero lo peor fue que, cuando
por fin decidió arrancar esos siniestros lienzos, los espejos ya no le
devolvían su imagen.

Al principio pensé que estábamos ante la clásica historia de la vanidad castigada (casi un cuento moral de los de antes), pero ese giro final… uf. Arrancar los lienzos y descubrir que ya no hay reflejo es mucho más que un castigo: es la aniquilación pura y dura de lo que Esther creía que era su esencia, su identidad, su poder. Un micro muy poderoso, Josep.
ResponderEliminarAbrazos.
Pues vanidad sí que hay, y mucha. Y que esta se ve finalmente castigada, pues también en cierto modo. El problema de Esther estribaba en que su religión, la judía, no admite que las mujeres muestren en público su físico a modo de reclamo. De ahí las reprimendas de sus progenitores. La costumbre judía de cubrir los espejos de la casa cuando fallece uno de sus miembros, no fue, al parecer, motivo suficiente para que Esther se diera cuenta de que ya no estaba entre los vivos.
EliminarUn abrazo.
Ah, Josep. Yo me imaginé algo distinto: creí que Esther terminó dándose cuenta que era una vampiro jaja Y lo relaciono, aparte porque ya no ve su reflejo, por esa belleza suya que recalcas y de cierta forma vuelves eterna, como si los años no pasaran por ella. Igualmente es un texto que, más que miedo, da pena por la pobre muchacha. Va un abrazo.
EliminarHola, Julio David: Pues sí que tiene cierto parecido con un vamoiri, solo que estos siguen, en cierto modo, vivos y sus presas pueden verlos, je, je. La protagonista, en cambio, sin ser consciente de que había muerto, seguía entre los vivos, sus seres queridos quienes, lógicamente, no podían verla.
EliminarUn abrazo.
Maravilloso y escueto relato cuya esencia has sabido condensar de maravilla. Cuando dijiste que habían tapado los espejos ya imaginé que había muerto. Es sumamente inquietante esa idea de que en los primeros momentos los muertos no saben que lo están. Y da unos motivos literarios de lo más sugerente.
ResponderEliminarUn beso.
Podría ser un cuento de fantasmas, je, je. Se ha hablado y escrito mucho sobre el hecho de que, una vez fallecidos, muchos espíritus vagan por entre los vivos sin conocer su estado real, hasta que algo les indica el camino a seguir. Espero que no sea cierto y no me ocurra eso a mí cuando me llegue la hora, pues debe de ser muy angustioso hablar con sus seres queridos y que estos no te respondan.
EliminarUn beso.
Uy qué susto, ese final me ha roto todo lo que estaba pensando mientras leía. Pensé que era uno que escribiste hace mucho tiempo que desaparecía el protagonista por un espejo, o algo así.
ResponderEliminarPotente el giro del final en este relato, quería seguir mirándose en el espejo para admirar su belleza...
Un placer la lectura, aunque me he quedado con ganas de más, :))).
Un abrazo Josep.
Pues tienes muy buena memoria, porque, efectivamnete, hace años escribí un relato, compuesta de varios capítulos, en torno a alguien (una mujer) que desaparecía a través de un espejo, je, je.
EliminarComo siempre, es una satisfacción para mí que leas mis historietas y dejes tus amables y benévolos comentarios.
Un abrazo, Elda.
Me temo que la protagonista no ha tenido en cuenta el paso del tiempo.
ResponderEliminarExcelente relato.
SAludos.
Seguramente estaba tan pagada de sí misma, pensando solo en su físico, que no se percató de que habían pasado muchos años desde su juventud y que ya había dejado este mundo.
EliminarUn saludo.