lunes, 9 de febrero de 2026

Hogar dulce hogar

 


Tuvo que volver a pesar de haber jurado que no lo haría. Cuando se fue, dando un tremendo portazo, renegó de aquella casa en la que tantas agrias discusiones e incomprensiones había tenido que soportar por culpa de su adicción.

Tras un año de ausencia, ya con diecinueve años, reconocía su error. Ahora debía dar marcha atrás y volver al hogar del que nunca debió partir. La tremenda nostalgia que sentía por lo que había perdido era más insoportable que tener que tragarse su orgullo. Volvería para recuperar lo más preciado. A veces, hay que sobrellevar ciertas dificultades en aras del bienestar y la estabilidad emocional. Ya vería el modo de evitar nuevos enfrentamientos y ocultar sus verdaderas intenciones.

Entraría sin darles tiempo a reaccionar, subiría a su habitación y por fin podría volver a disfrutar de sus videojuegos favoritos.


13 comentarios:

  1. Malauradament això passa en una pila de cases...
    Una nostàlgia una mica especial. ;-)
    Molt ben escrit.
    Aferradetes, Josep Mª

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    1. Doncs sí, aquesta es una adicció tan peocupant como qualsevol altra.
      Moltes gràcies per venir a llegir-me.
      Aferradetes.

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  2. Es como estar viviendo la realidad que muchos hogares viven. Para reflexionar. Un abrazo y feliz semana

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    1. Lo difícil es erradicar estas prácticas, que aislan a quienes las protagonizan del mundo exterior.
      Un abrazo.

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  3. Para que luego digan del tabaco. :-)
    Un abrazo.

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    1. Solo faltaría que ese chico fuera, además, un fumador empedernido. Entonces apaga y vámonos.
      Un abrazo.

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  4. Intuyo que sus padres le requisaron el ordenador para evitar que siguiera practicando sus juegos favoritos, que lo tenían tan alelado, je, je.
    Por desgracia, cada vez son más los adictos al móvil y a los videojuegos. Ahora, por lo menos, se intentará (porque no sé cómo lo lograrán en a práctica) prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años. Algo es algo.
    Un beso.

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  5. Los padres, ingenuos de ellos, se les olvido cambiar la cerradura y vaciar la habitación de elementos perniciosos para la salud mental y emocional.
    Buen giro final
    abrazo.

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    1. Esta sí que sería una buena medida para evitar un recaída de ese adicto que tienen por hijo, je, je.
      Un abrazo.

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  6. Hola, Josep, te tengo abandonado, estoy como ese jovenzuelo que reniega se sus padres y solo quiere refugiarse en sí mismo y esos videojuegos. Es época de Roblox, no para mí, aunque la viva de lleno. Solo tuve una Game Boy, que duró años. Aventuras sin luz, pues era un aparato que no emitia luces, tenías que estar bien iluminado, en una tecnología que cualquier móvil de hoy en día se reiría de ella, pero qué divertido era. Ahora hay demasiadas cosas, como todo. Lo único que escasea es el tiempo, sobre todo para lo que más importa.
    Un fuerte abrazo, Josep!

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    1. Hola, Pepe. Gracias por venir a leer mis tonterías, je, je.
      ¿Te creerás que jamás tuve una consola de ningún tipo, porque, simplemente, no me atraían en absoluto. Debí ser una especie juvenil rara. Solo recuerso haber jugado a un juego de tenis, con unas palas que movías arriba y abajo para darle a la pelota. Era también en blanco y negro y consistía en un cacharro que conectabas al televisor. Y seguro que fue un regalo, porque, como digo, esos juegos nunca me han atraído. Lo del famoso Mario Bross, dando saltitos para atrapar monedas, me resultaba ridículo, pero en casa se hizo muy popular cuando mis hijas eran unas jovencitas, je, je.
      Pero lo que empezó siendo un entretenimiento sano, se ha ido convirtiendo en algo preocupante, con esos juegos de batallas sangrientas. Claro que en el cine también vemos escenas muy cruentas y no por ello nos convertimos en asesinos. Pero el mal de los videojuegos es que son muy adictivos, llegando a aislar al jugador de todo lo que le rodea.
      Un fuerte abrazo.

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  7. Josep, el giro final desmonta la expectativa dramática y revela, con fina ironía, que la “adicción” no era más que a los videojuegos. El texto juega hábilmente con la ambigüedad para reflexionar sobre orgullo, dependencia y refugio doméstico. Va un abrazo

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    1. Hola, Julio David. Aunque no sea esta una droga dura, no deja de ser una adicción problemática, tanto para los padres como para los hijos usuarios de los videojuegos.
      He pretendido jugar al engaño, o al disimulo, y dejar para develar el problema real al final de esta historieta. Si lo he conseguido, me alegro.
      Un abrazo.

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