martes, 31 de marzo de 2026

Desde la ventana

Hoy pasamos del género de terror al íntimo y romántico. Espero que el cambio os agrade.



María lleva un largo rato apoyada en el alfeizar de la ventana que da a la calle, esperando ver pasar a su enamorado. Como cada día, a la misma hora, lo espera con el corazón encogido. Desde hace unos días, sin embargo, el amor de su vida ya no la lisonjea con esas galanterías que a ella le ponían la piel de gallina de pura emoción. Ya no le dice nada, pasa sin mirarla y continúa su camino sin siquiera pararse. ¿Acaso ya no la ama?

Hoy, cuando pase por delante de la ventana, será ella quien le piropee. Ha leído unos requiebros muy bonitos en un librito de poemas y se los ha aprendido de memoria. Aun así, teme que los nervios la traicionen, por tal motivo no deja de hojear un corto pero precioso texto que lleva escrito en un pedacito de papel que sujeta con manos temblorosas.

Se hace tarde y Armando no aparece. Desde la ventana, María puede ver toda la calle hasta la placita, aquella donde se conocieron. No lo ve. Oscurece. Son ya muy pocos los transeúntes a aquellas horas. Y total solo son las ocho.

«Las ocho, ¿las ocho? A ver, a ver. ¿Es a las ocho de la mañana o de la tarde cuando Armando pasa por delante de mi ventana? Claro, ¡qué tonta!, Me he equivocado de hora. Es por la mañana cuando pasa por aquí de camino a su trabajo. ¿Cómo he podido equivocarme de esta manera? Desde hace unos días, duermo la siesta y cuando me despierto pierdo la noción del tiempo y a veces me levanto sin saber si es de día o de noche. Ahora entiendo, pues, que Anselmo pasara de largo sin saludarme. No era él. Debía ser un joven bien parecido que se le parece. Si llevara puestas las gafas, eso no he habría ocurrido. Qué le vamos a hacer. ¡Soy tan presumida! Así que llevo días esperando y esperando inútilmente a las ocho de la tarde. ¿Qué habrá pensado mi estimado Anselmo cuando, al pasar por delante de mi casa, por la mañana, no me ha visto asomada a la ventana? Se habrá llevado una gran decepción, pobrecito mío. Y yo que empezaba a creer que se había olvidado de mí. Bien pensado, podría haber llamado para interesarse por mi ausencia, ¡caramba! Pero es tan indeciso… Aunque conmigo no lo es. ¡Las cosas que me dice! No sé de dónde las saca, pero me hace sonrojar y mira que no soy ninguna beata. Es un desvergonzado, aunque me gusta que sea así cuando estamos solos. Por eso estamos prometidos. Porque estamos prometidos, ¿verdad que sí? Ay, ay, ay, que ahora no estoy segura de si estamos prometidos o todavía solo es un pretendiente. Cuando le vea, se lo preguntaré»

 

─María, ¿otra vez asomada a la ventana? Cogerás una pulmonía. Además, te he dicho mil veces que no molestes al vecindario, que luego se quejan. Y ven al comedor de una vez, que la comida ya está servida y se enfriará.

─Pero mamá, si no hago nada malo. Solo miro por la ventana por si veo pasar a Armando. Sí, sí, ya sé que son casi las nueve de la noche. Me he equivocado de hora. Qué quieres que te diga. Y no pongas esa cara, que todos nos podemos equivocar, ¿o no?

─¿Armando? ¿Qué Armando, querida?

─Cómo que qué Armando. Pues Armando, mi prometido. ¿Quién tiene que ser, si no? Bueno, ahora mismo no recuerdo si es mi prometido o solo es uno de mis pretendientes.

─María, por favor, si tu no tienes ni prometido ni pretendientes. Y deja de llamarme mamá.

─Pero… ¿por qué no puedo llamarte mamá? ¿Es que ya no te gusta?

─No es que no me guste, es que no soy ni podría ser tu madre.

─Pero… ¿por qué dices eso? No me asustes.

─Nada, nada, déjalo estar. Anda, vamos a cenar

 

Y María, suspirando, porque se siente incomprendida, cierra la ventana y se dirige al comedor. Después de cenar, volverá a leer, como cada noche, el diario en el que, al largo de los años, ha ido escribiendo, día tras día, sus aventuras amorosas. Buscará entre sus notas a Armando y así sabrá que hay realmente entre ellos.

En la cocina, su cuidadora también suspira deseando que, si llega a la edad de María, conserve la lucidez hasta el último momento de su vida.

 

Imagen obtenida de internet

12 comentarios:

  1. Té de tot el teu relat, romanticisme en la espera, Il·lusió i desassossec, tendresa i duresa i aquesta malaltia què és tan cruel que fa perdre la lucidesa a qui la pateix.
    Molt ben escrit.
    Aferradetes, Josep Mª.

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    1. Doncs sí, Paula, és un relat barrejat de sentiments, en què la il·lusió per retrobar un suposat estimat es contraposa amb la tristor d'una situació totalment aliena a la pobra Maria.
      Moltes gràcies per la teva lectura i opinió.
      Aferradetes.

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  2. Me has pillado. Creía que María no se había enterado del cambio de hora.
    Un abrazo.

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    1. Je, je, su confusión iba mucho más allá. Una confusión temporal, pero de décadas.
      Un abrazo.

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  3. Es lo que conlleva hacerse mayor y perder la memoria pasada. Mi madre ya me confunde con mi padre que falleció haces años y habla de historias que sueña y me cuenta como si las hubiera vivido. Y de lo que realmente vivió ya no recuerda casi nada. Es triste, pues de alguna forma en la vejez es como si regresásemos a la infancia donde aun no tenemos recuerdos ni vivencias ni memoria.
    Bonito relato.
    Un abrazo.

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    1. Si la vejez conlleva esa tremenda pérdida de memoria, el proceso resulta más doloroso todavía.
      Mi suegra padece Alzheimer en estado avanzado y es muy triste ver cómo sus recuerdos se han extinguido y balbucea incoherencias. Se puede decir aquello de "quien la ha visto y quien la ve". Es realmente deprimente. Por lo menos, María, la protagonista de esta historia, es feliz pensando en un pasado feliz que probablemente nunca existió. Cuando incluso esto le desaparezca, la ilusión por vivir se extinguirá, junto con su vida.
      Un abrazo.

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  4. Una historia tierna y preciosa. Qué ternura despierta María y qué penita para quienes conviven con ella porque María, dentro de su mundo, es feliz.
    Un beso.

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    1. Pues si, los que sufren las consecuencias de esta terrible enfermedad son los que rodean al enfermo, pues él, o ella, no son conscientes de lo que les pasa.
      Un beso.

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  5. Qué preciosa historia. La vejez hace estragos en las cabezas que a veces se defienden de la situación haciéndose la ilusión de una juventud y de unas expectativas que pasaron hace mucho. Me ha encantado.
    Un beso.

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    1. Sí, supongo que en esos casos a mente anda libre por derroteros muy distintos a los de la gente sana, pero mientras los afectados de Alzheimer sueñen despiertos con historias que los hacen felices, mejor para todos.
      Un beso.

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  6. Una historia sobre la vejez y cómo la mente se agarra a aquellos anhelos que le mantuvieron alerta para no desfallecer en la inopia. Tierno, y desgarrador en su esencia. Aun así, no sé si es mejor conservar la lucidez y ser consciente de todo o vivir en ese letargo a la espera de tiempos mejores.
    Un fuerte abrazo!

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    1. Yo también tengo mis dudas sobre lo que es preferible al llegar a esa edad avanzada, si mantener la mente lúcida o vivir en un sueño agradable. María es, hasta cierto punto, feliz recordando algo que no se sabe si fue cierto o no.
      Un fuerte abrazo, Pepe.

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