Todo empezó
cuando apareció Elena.
Desde la barra
del bar, me observaba provocativamente. Yo, todo un conquistador, me sentí azorado.
Nunca había contemplado una belleza tan singular.
Fue ella quien
tomó la iniciativa.
—Hola, me llamo
Elena, ¿y tú?
—Yo Gustavo —contesté
sin poder evadir el poder de su mirada.
El flechazo fue
mutuo. Al cabo de unas semanas ya vivíamos juntos.
Al principio
todo iba de maravilla. Hasta que un día le comenté mi interés por lo paranormal.
Como respuesta, Elena fue más allá, afirmando que creía en la existencia del
mal, en sus distintas facetas.
Desde ese instante,
mostró un gran interés por mis creencias, queriendo saber lo que yo opinaba
sobre las posesiones diabólicas. A diferencia de mí, no sentía temor alguno,
llegando a proponerme asistir a un exorcismo. Por supuesto me negué, cosa que
pareció contrariarla.
A partir de
entonces, toda mi atracción por ella se trastocó en recelo al ver cómo me escrutaba
mientras hablaba de las posesiones infernales, de lo que puede llegar a hacer
el diablo en el cuerpo del poseso. Su carácter mudó. Cuando hacíamos el amor parecía
que estaba poseída y, después se tumbaba y me miraba con un rictus casi
demoníaco.
Soñaba que ella
adoptaba figuras extrañas, arrastrándome hacia una gran hoguera. Hoy, al
despertarme, no estaba a mi lado.
De pronto, me he
sentido extraño. Al ir al baño, me he observado en el espejo y me ha
horrorizado mi semblante. Tengo los rasgos y la voz de Elena.

Original elegir el personaje femenino e interesante el desarrollo de tu micro.
ResponderEliminarA ver si se me ocurre algo a mí.
Un abrazo.
En el submundo también hay diablesas, je, je.
EliminarA ver qué se te ocurre. PIensa en demonios, aunque sean de carne y hueso, a ver qué sucede.
Un abrazo.
S'ha d'anar en compte en parlar de coses què, la majoria, ignorem. De vegades és millor deixar-ho córrer... Tot i així, és un món atractiu... he,he,he!
ResponderEliminarOriginal i ben trobat.
Aferradetes, Josep Mª.
Hi ha persones a les que no s'acaba de conéixer del tot i de cop i volta ens donen un ensurt quan descobrim la seva verdadera identitat, he, he.
EliminarAferradetes, Paula.
Pero cómo se le ocurre irse a vivir con alguien a las dos semanas? Jajaja, muy bueno, Josep, la tentación hecha por el maligno en una faceta irresistible y con un vuelco final aterrador.
ResponderEliminarUn abrazo!
El hombre quedó tan cautivado que no pudo esperar a conocerla más íntimamente, y cuando por fin lo hizo ya era demasiado tarde. La carne es débil y el diablo fuerte, je, je.
EliminarUn abrazo.
Hay transferencias muy jodidas. Impactante. Un saludo y gracias por el micro.
ResponderEliminarUna tranferencia tremendamente jodida, sí señor.
EliminarUn saludo y gracias a tí por comentar.
La progresión es natural y creíble (del flechazo al recelo, del sexo “poseído” a la pesadilla y el despertar cambiado); el detalle del rictus demoníaco post-sexo y los sueños con hoguera funcionan bien para crear atmósfera; el golpe final es impactante, con esa ambigüedad terrorífica de “¿quién es el poseído realmente?”.
ResponderEliminarFelicidades
Una progresión, sin prisa pero sin pausa, desde lo puramente romántico hasta el drama final, triunfando una terrible realidad.
EliminarMuchas gracias, Marcos, por pasarte y dejar tu amable comentario.
Un saludo.
Inquietante a más no poder, Josep, este micro. Me ha gustado mucho como vas llevando la historia desde el flirteo inicial hasta ese final tan angustioso. Genial.
ResponderEliminarGracias, Marta, por tu comentario. Me aegro que te haya gustado e inquietado, je, je.
EliminarUn abrazo.
Esta es una posesión ( la de él) mas corporal que animica, ya que él parece conservar su conciencia. Ella no sabemos si es otra poseida extendiendo él reino, o es el propio demonio. En cualquier caso parece que su misión es la misma.
ResponderEliminarAl final le ha salido caro el pecados de lalujuria.
Abrazooo
Una posesión jamás vista, pues podríamos hablar de una transmutación. El pobre Gustavo sufrió el embate de esa apasionada amante y diabesa, je, je.
EliminarUn abrazo.
Hola, Josep. Gracias por aceptar este diabólico microrreto. Un abrazo.
ResponderEliminarHola, Bruno. Ha sido un placer pactar con el diablo, o diabesa, ja, ja, ja.
EliminarUn abrazo.
Magnífico relato. Mantienes un ritmo que va in crescendo y que lleva a un desenlace terrorífico y con varias puertas abiertas. O así lo veo yo, tras leer tu relato y apoderarme de él como lectora.
ResponderEliminarUn beso.
Diría que las historias de terror deben seguir ese desarrollo temporal: empezar con algo suave, que no indique ni sugiera nada malo, para ir mostrando, poco a poco, algo malévolo y acabar con un desenlace claramente terrorífico. Nunca me ha parecido fácil escribir relatos de terror, así que me alegro que te haya gustado. Lo de haber dejado puertas abiertas, me sugiere una posible continuación, pero tendría que ponerme en la piel del nuevo Gustavo en su nuevo rol, je, je.
EliminarUn beso.
Ostras! Esa si que ha sido toda una posesión! Y de que manera! Je je! Un abrazote!
ResponderEliminarPosesión de las buenas, ja, ja, ja.
EliminarUn abrazo.
Las diablesas también existen y todos lo sabemos. Un final que no deja indiferente. Un abrazo.
ResponderEliminarYa lo creo que existen, lo que ocurre es que suelen pasar más desapercibidas, especialmente por su físico, como el de Elena, ja, ja.
EliminarUn abrazo.
Por eso es mejor no criticar: siempre nterminamos asumiendo lo diabólico del otro. Muy bueno. Un abrazo
ResponderEliminarEn temas diabólicos más vale no meterse y menos entrar al trapo.
EliminarMe alegro que te haya gustado esta diablura, je, je.
Un abrazo.
Muy original y da un poco de miedo la verdad. A mi este tema me impone mucho respeto...Por si acaso...
ResponderEliminarSaludos!
lady_p
Da miedo pensar que algo así pueda ocurrir. Incluso los no creyentes tememos que, contrariamente a nuestras creencias, acabe siendo cierta la exitencia del diablo, en cualquierea de sus formas.
EliminarUn saludo.
Es por eso que NO se debe sentir curiosidad por el saber y las artes del maligno: Termina uno al reves.
ResponderEliminarSí, muy cierto, mejor mantenerse alejado de esas mal llamadas "artes". Uno puede acabar escaldado.
EliminarUn saludo, J.C.
Todo lo que trascienda en posesiones diabólicas me da mucho miedo. Hace unos años la hija de una amiga me contó que había hecho un viaje astral y me impresionó mucho.
ResponderEliminarAbrazos. Josep.
Yo, más que miedo, siento mucho respeto. En el acto más "esotérico" en el que he participado fue, de muy joven, en la ouija y apesar de saber que se trata de un juego (que muchos consideran un contacto con los difuntos) en el que la mente es la protagonista (algo de por sí extraordinario), dejé de practicarlo por respeto y sensatez.
EliminarUn saludo.
pues, me parece que le salió barato. Esos amores de bar y sin medida de control pueden resultar bastante peor.. ja ja (aunque, a veces, pueden ser toda una experiencia) ¡Saludos!
ResponderEliminarBueno, en este caso, no se puede negar que fue toda una experiencia, porque eso de transmutarse en otra persona, precisamente en la diablesa que lo ha abducido, no es nada corriente, je, je.
EliminarUn saludo.
Esa Elena te ha poseído sin duda alguna. Ahora tendrás que llamar a algún exorcista o asesor matrimonial. A esa posesión otros la llaman amor. Aunque ve tú a saber en realidad, que demonios es.
ResponderEliminarUn abrazo, Josep.
Creo que esa posesión es como el papel que se te queda pegado a la suela del zapato, que no te lo puedes quitar y va pasando de un zapato a otro sin despegarse; como mucho, se lo puedes pasar a otro, ja, ja, ja.
EliminarCiertamente el amor puede ser algo así, que no te puedes desprender de él ni a tiros, je, je
Un abrazo, Javier.
Hola Joseph, No veas con Elena. Muy bien relatado y nos quedamos con las ganas de saber más. Un abrazo
ResponderEliminarHola, Ainhoa. Esa Elena, bajo su aspecto endiabladamente bello, escondía al mismísimo diablo.
EliminarMe alegro que te haya gustado este cuento de terror, je, je.
Un abrazo.