jueves, 26 de marzo de 2026

Las pesadillas de Enrique

Este relato formaba parte de una trilogía de cuentos de terror que publiqué en el 2020. Espero que a nadie le resulte incómoda su lectura ni que le afecte a su sensibilidad




Enrique empezaba a estar realmente preocupado. Sus pesadillas eran cada vez más frecuentes, terribles, tremendamente reales y últimamente muy repetitivas. Soñaba que era un zombi, un muerto viviente, uno de esos seres horribles y asquerosos de las películas de terror que tanto le gustaban. Debía ser, sin lugar a dudas, por culpa de la serie de televisión The Walking Dead que veía, desde hacía meses, sin haberse perdido ni un solo capítulo. Pero lo peor de todo era que las sensaciones que experimentaba en sueños se estaban trasladando a la vida real.

Desde que tenía esas pesadillas, sus gustos habían sufrido un cambio más que notable: le apetecía comer carne cruda, cuando hasta hacía muy poco solo le gustaba muy hecha, y los olores que antes le resultaban nauseabundos ahora, en cambio, le atraían como si de un perfume de alta cosmética se tratara. Su voz se tornó extraña, sus cuerdas vocales emitieran un sonido de ultratumba.

En estas circunstancias, decidió someterse a una revisión médica y quién mejor que Genaro, su buen amigo y endocrinólogo, para hacérsela, ya que no se atrevía a confesarle a un extraño estas anomalías, pues podría tacharlo, en el mejor de los casos, de lunático.

Una vez en la sala de espera de la consulta de su amigo, mientras fingía leer una revista, tuvo que reprimir unos deseos brutales de abalanzarse sobre una mujer entrada en carnes, que no cesaba de observarlo de reojo. ¿Intuiría sus inclinaciones antinaturales? Pero Enrique pudo finalmente contenerse y se comportó con total naturalidad.

No sabría decir en qué momento perdió el conocimiento. Solo recuerda que alguien golpeaba la puerta del despacho de Genaro y que varias personas, al otro lado, gritaban a voz en cuello: doctor, doctor, ¿se encuentra bien? ¿Va todo bien ahí dentro?

Cuando Enrique abandonó la consulta, había dejado tras de sí un largo reguero de sangre y unos cuantos cuerpos mutilados.

Aquella noche fue la primera en varias semanas que Enrique no tuvo ninguna pesadilla. 


1 comentario:

  1. Vaja amb n'Enric!, va fer una festassa, ben lògic que no tingués cap malson aquella nit, això va ser més que un mos. ;-)))
    Molt bo, com sempre!
    Aferradetes, Josep Mª.

    ResponderEliminar