Este relato formaba parte de una trilogía de cuentos de terror que publiqué en el 2020. Espero que a nadie le resulte incómoda su lectura ni que le afecte a su sensibilidad
Enrique empezaba a estar realmente
preocupado. Sus pesadillas eran cada vez más frecuentes, terribles,
tremendamente reales y últimamente muy repetitivas. Soñaba que era un zombi, un
muerto viviente, uno de esos seres horribles y asquerosos de las películas de
terror que tanto le gustaban. Debía ser, sin lugar a dudas, por culpa de la
serie de televisión The Walking Dead que veía, desde hacía meses, sin
haberse perdido ni un solo capítulo. Pero lo peor de todo era que las
sensaciones que experimentaba en sueños se estaban trasladando a la vida real.
Desde que tenía
esas pesadillas, sus gustos habían sufrido un cambio más que notable: le
apetecía comer carne cruda, cuando hasta hacía muy poco solo le gustaba muy
hecha, y los olores que antes le resultaban nauseabundos ahora, en cambio, le
atraían como si de un perfume de alta cosmética se tratara. Su voz se tornó
extraña, sus cuerdas vocales emitieran un sonido de ultratumba.
En estas
circunstancias, decidió someterse a una revisión médica y quién mejor que
Genaro, su buen amigo y endocrinólogo, para hacérsela, ya que no se atrevía a
confesarle a un extraño estas anomalías, pues podría tacharlo, en el mejor de
los casos, de lunático.
Una vez en la
sala de espera de la consulta de su amigo, mientras fingía leer una revista,
tuvo que reprimir unos deseos brutales de abalanzarse sobre una mujer entrada
en carnes, que no cesaba de observarlo de reojo. ¿Intuiría sus inclinaciones
antinaturales? Pero Enrique pudo finalmente contenerse y se comportó con total
naturalidad.
No sabría decir
en qué momento perdió el conocimiento. Solo recuerda que alguien golpeaba la
puerta del despacho de Genaro y que varias personas, al otro lado, gritaban a
voz en cuello: doctor, doctor, ¿se encuentra bien? ¿Va todo bien ahí dentro?
Cuando Enrique abandonó
la consulta, había dejado tras de sí un largo reguero de sangre y unos cuantos
cuerpos mutilados.
Aquella noche fue la primera en varias semanas que Enrique no tuvo ninguna pesadilla.

Vaja amb n'Enric!, va fer una festassa, ben lògic que no tingués cap malson aquella nit, això va ser més que un mos. ;-)))
ResponderEliminarMolt bo, com sempre!
Aferradetes, Josep Mª.