Llevaba días sospechando.
Su comportamiento la delataba. Esas miradas furtivas y las sonrisas reprimidas
la hacían culpable, de eso estaba seguro. Ella estaba radiante, pletórica, como
hacía años que no la veía, y él cada vez más convencido de su infidelidad. Desde
hacía unos días se la veía más nerviosa de lo habitual. Por momentos parecía
como si quisiera confesarle algo y finalmente desistiera. Esas señales eran
inequívocas, tenía un amante y los desenmascararía.
Hoy había salido tras
ella decidido a pillarlos in fraganti.
Verían de lo que era capaz. De él no se reía nadie.
Cuando, al cabo de una
hora de seguimiento, se halló frente a la puerta por la que ella acababa de
entrar, salió por fin de dudas. Una placa dorada rezaba: Dr. J. Beltrán -
Obstetricia y Ginecología.

Bueno...pues quizá no era lo que él imaginaba. A veces fantaseamos tanto con las cosas, que de lo que pensamos a la realidad hay un buen trecho.
ResponderEliminarHe disfrutado mucho leyéndolo.
Un fuerte abrazo, Josep
Evidentemente, lo que el creía o sospechaba era algo muy distinto y mucho más negativo. Prejuzgó sin pruebas. Si le hubiera preguntado, quizá habría salido de dudas mucho antes, sin necesidad de espiarla.
EliminarUn abrazo.
Aquestes gelosies portan a fer coses així. No sé si a ella li faria massa gràcia de saber-ho.
ResponderEliminarMolt bon relat.
Aferradetes, Josep Mª.
La gelosia normalment ve de la inseguretat. Un home que sospita de la seva dona d'aquesta manera no té perdó. I segurament, si ella sabés què ha succeit, potser el posaria de potetes al carrer.
EliminarAferradetes, Paula.