martes, 16 de junio de 2026

Un regalo inesperado

 


Jaime, con todo su dinero, era el más miserable de los tacaños. Si Jorge, el hermanito consentido de su mujer, esperaba un gran regalo con motivo de su boda, estaba muy equivocado. Aunque ello le costara el divorcio, le obsequiaría con ese par de gemelos que había comprado, a precio de saldo, para la ocasión.

Cuando Rosa, su mujer, vio ese supuesto regalo que su marido había comprado para una ocasión tan especial e irrepetible, montó en cólera. Pero Jaime, impertérrito, se mantuvo en sus trece. Él era el único que aportaba el dinero a la familia y, por lo tanto, era dueño y señor de hacer con él lo que le viniera en gana. Y acostumbrado a que se hiciera su sagrada voluntad, dejó el tema zanjado para siempre.

El día de la boda, cuando Jorge abrió la cajita, no podía creer tamaña generosidad por parte de su cuñado: unas llaves de un coche y, por el logo del llavero, ¡un BMW!

Los ojos de Jaime se le salían de las órbitas.

En un rincón, su esposa se estremecía de gusto con solo pensar en la cara que pondría Jaime cuando viera el cargo por la entrada del coche en la única cuenta bancaria que compartían para gastos domésticos y los recibos mensuales que llegarían de la financiera.

Jaime podría ser un lince en las finanzas, pero ignoraba la astucia e iniciativa de su mujer.


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